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Innnspiracionessss.....

2º cuatrimestre 2025

Monasterio del cister

Monasterio del cister

Este monasterio navarro del siglo XII, Monasterio de Iranzu o de Santa María del Helechal, hoy felizmente restaurado, está situado a una hora de casa, camino de Estella, y como buen lugar de espiritualidad, está enclavado en un bonito paisaje entre montañas y ríos. El monje de la orden Teatina que nos recibió a la entrada al convento, donde había una curiosa exposición de las cañerías medievales de las excavaciones, nos explicó con ilustrada paciencia y claridad, que aunque en un principio hubo una comunidad de monjes benedictinos, poco después, en el siglo XII llegaron los monjes cistercienses, creando el primer monasterio cisterciense de la península edificado segun sus estrictas normas: «en el fondo de un valle cerrado, cerca de un río en el que el agua fluya generosamente y, como horizonte, el cielo para estar más cerca de Dios». Los monjes cistercienses eran considerados como los mejores agricultores de Europa, y vivían de los beneficios que generaban sus explotaciones. Este Monasterio llegó a reunir variadas propiedades entre tierras de cultivo, pastos, iglesias parroquiales, pueblos enteros....que se extendían por toda la península. Los monjes lo habitaron hasta 1839 al ser expulsados por la desamortización de Mendizabal, y el Monasterio permaneció abandonado hasta 1943, cuando los padres Teatinos se hicieron cargo del lugar comenzando, junto a la ayuda de la Diputación navarra, una titánica restauración que ha culminado en la recuperación de la espectacularidad que este monasterio, situado en un enclave de contemplación y silencio, el mismo que tuvo en un principio. Durante de la visita, destacaba el claustro que se ve en la foto, tan simétrico en sus esquinas que pareciera que hubieran puesto un espejo al otro lado, con esos preciosos arcos apuntados con trilóbulos interiores y ojos de buey de elaborada tracería, propios de un gótico pleno. En él se situaba el curioso lavatorio con templete, donde hay una gran fuente exagonal que amplía el claustro al introducirse en el jardín. Accedimos al templo, de inspiración cisterciense francesa, potente en sus columnas, con un órgano portátil que llevaba ruedas; la cocina con su alta chimenea central; lo que fue el refectorio; las salas de castigo donde los monjes se sometían al silencio y la abstinencia, y su amplia sala capitular, presidida por la Virgen de Iranzu, cubierta de bóvedas con nervios, el lugar más terrenal del monasterio donde se decidían los asuntos mundanos y se elegía al abad. Afuera podías apreciar el lugar en el que estuvo el amplio hospital, que acogía a toda la gente que allí llegaba enferma y que debido a las pestes sucesivas, la población de monjes en el intento de sanar a sus enfermos, mermó considerablemente. En un jardín interior estaba la recogida y primitiva ermita de San Adrián, donde una pequeña comunidad monástica existió antes de edificarse el monasterio. Rodeando al monasterio hay bonitos y frondosos lugares de paseo y esparcimiento, que invitan a pasar el día y comer al aire libre disfrutando de la paz del lugar, una maravilla.

Santuario in excelsis

Santuario in excelsis

Después de visitar la cueva de Mendukilo fuimos hasta el Santuario de de San Miguel de Aralar que nos quedaba relativamente cercano. Hubo que subir y subir por una carretera curvosa de montaña pero mereció el esfuerzo porque el lugar en sí mismo es muy especial. Las vistas a 360º de las montañas que lo rodean desde una altura de casi 1.400 metros te permiten admirar el paisaje sobre una de las cimas más altas de la región, de ahí lo de San Miguel "in excelsis", y el aire que se respira hace que te sientas relajado y en paz. El fascinante entorno está cargado de historia, de devoción, de leyendas, como la de San Teodosio, de cercanos monumentos megalíticos, y de inigualable arte. El templo por dentro es espectacular. Sus muros milenarios conservan una joya excepcional: el brillante retablo esmaltado de Santa María, pieza maestra del arte medieval, elaborada especialmente para este santuario por los mejores orfebres y esmaltadores de Limoges del siglo XII, lo que da cuenta de la importancia que para el pueblo tuvo el arcángel San Miguel, al que durante más de 9 siglos miles de peregrinos le han invocado. Así lo hicimos nosotros cuando metimos la cabeza rezando un Credo en el hueco de la sima donde el Arcángel se apareció al pastorcillo. Su icónica imagen es muy original porque porta en su cabeza la cruz de Cristo, símbolo de la resurrección. Tras visitar el templo anduvimos entre las hayas centenarias y por el resto del paisaje aprovechando todos los puntos de observación que el lugar nos ofrecía para grabarlos en la memoria. Visitar este inolvidable lugar, tan espiritual, mereció mucho el esfuerzo de haber llegado hasta allí.

La cueva del dragón

La cueva del dragón

Recorrer esta cueva navarra de Mendukilo, a poco más de una hora de casa, ha sido uno de los paseos subterráneos más bonitos que he conocido y disfruté plenamente admirando sus formaciones durante todo el tiempo que duró la visita. Está situada en plena sierra de Aralar y se accede por una oquedad natural del bosque de viejas hayas y troncos gruesos y retorcidos que antes servía de refugio para los pastores y sus rebaños. Tuvimos que bajar un buen desnivel por rampas muy bien adaptadas viendo cómo se quedaba la claridad de la neblina a la entrada de la cueva y notábamos la humedad cada vez más densa a medida que te adentrabas en la profundidad de una cueva que iba desvelándonos sus bellezas generosamente. La visita transcurrió a través de sus tres salas y numerosas galerías. Por las pasarelas flotantes a diferentes alturas, ibas pasando por cavernas donde las estalactitas, algunas acabadas en puntas de hielo como se ve en la foto, y estalagmitas formaban caprichosas formas de texturas y colores diferentes. También apreciamos las planas y onduladas banderolas, los gours o pequeños charcos apresados escalonadamente y unas curiosas estalactitas con propiedades fluorescentes. Al estar iluminada estratégicamente, el ambiente se hacía hipnotizante y cuando apagaron la luz, el entorno se volvió sobrecogedor, el silencio hablaba y si no fuera porque estaba de pie, me hubiera parecido que estaba flotando en el espacio infinito. Como buena cueva que se precie, nos enseñaron figuras enrocadas a las que había que echar imaginación para descubrir su aspecto, aunque la formación geológica que más me gustó fue la del dragón, muy fácil de adivinar por su sorprendente parecido, gran proporción y luz propia llena de puntitos brillantes gracias a la composición de la roca. Me llamó la atención uno de sus pequeños lagos estudiadamente iluminado para mostrar un encantado color verdoso. Como toda la cueva me pareció maravillosa, se me hizo muy corta la visita y además aprendí mucho escuchando a una guía que contaba las cosas con verdadera pasión.

Un santuario esperado

Un santuario esperado

Desde que tengo uso de razón he esperado conocer este santuario que dejábamos siempre de lado en la carretera, ya que quedaba a desmano y la entrada se sitúa en curva en cuesta con mucha circulación, donde no hay sitio para pararse y provocar una cola de coches detrás que resultarían poco pacientes. Por fin, gracias a que nos animó el guarda de seguridad del embalse a visitarlo y a que Pedro es muy valiente, subimos por esa carretera circulada por miles de bilbainos en busca del aire castellano y de la entrada al Santuario. Tuvimos la gran suerte de que en ese momento no bajaba ningún coche acelerado y pudimos tomar la desviación al otro lado de la carretera. Nos metimos por un estrecho camino donde no cabían dos coches, menos mal, y llegamos al Santuario de Ntra. Sra. de Cantonad, patrona del Valle de Mena, una de las advocaciones más antiguas de toda la provincia de Burgos. Una puerta peatonal estaba abierta y entramos dentro del recinto donde una construcción levantada en época barroca rodeada por un ambiente lleno de misterio y misticismo nos indicaba junto a la imagen de la Virgen que estábamos en un lugar erigido en su Santuario para su veneración y donde los antiguos pobladores de la zona ya realizaban rituales litúrgicos. La fiesta de la Virgen es el 8 de mayo y la gente acude en procesión desde el valle para honrar a su patrona. Según cuenta la leyenda, Nuestra Señora se apareció a un pastor de 13 años llamado Lázaro en el monte Anzo y le prometió que sería la protectora del valle. Para evitar que la gente del pueblo pensara que el niño había tenido alucinaciones, la Virgen tomó unos hilos de su abrigo y formó una cruz que ató al rosario del pastor. Con esta prueba todos creyeron lo que le había ocurrido. Los devotos de esta Virgen le cantan esta canción: “La Virgen de Cantonad no es comprada ni vendida, y sí bajada del Cielo, y en Vivanco aparecida. El ángel que las bajó,la de Allende y la de aquí,en la piedra las posó y marcado el pie está allí”. El Santuario está situado en un lugar privilegiado. Desde las campas que lo rodean se observan unas espectaculares vistas del paisaje del hermoso valle de Mena, sus pueblos, el embalse de Ordunte y la depresión que baja desde las montañas que lo rodean hasta lo más profundo del valle. Mereció mucho haber hecho esta bonita visita. 

Pantano tranquilo

Pantano tranquilo

El dia de nuestra excursión a Pozalagua, llegamos al Valle de Mena con el fin de visitar el otro lado de nuestro conocido valle de Losa separado por los escarpados montes de la Peña y observar por este lado de Mena la depresión que forma la gran inclinación del terreno formando un valle más profundo y más verde por su cercanía al mar. Comimos en el Urtegui, un restaurante casi pegando al pantano de Ordunte, donde las superamables camareras nos aconsejaron el txuletón a la brasa, delicioso, con sus patatas y pimientos fritos, acompañado de un vino tinto afrutado y sabroso que llenaba la espera hasta el siguiente bocado mientras se terminaba de asar en su plato de barro ardiente. La acaramelada pantxineta de postre puso el broche de oro a tan suculenta comida. Luego, aprovechamos para andar un poco y nos paseamos por el pantano o embalse de Ordunte, un lugar donde se respira a gusto y en paz. Este pantano se inauguró en 1933 y aunque está situado en tierras burgalesas se construyó para uso de los bilbainos. En un principio tenía caracter de perpetuidad pero ahora ya no tiene ese carácter vitalicio y está abierto al abastecimiento de otras zonas. Este bonito embalse se recorre en un par de horas al tener sólo 10 km de perímetro y resulta muy romántico recorrer sus orillas entre tanto roble centenario, bosques de pinos, acebos y otras especies frondosas que resultan relajantes y plenas de calma y sosiego.

Las excéntricas

Las excéntricas

Por carreteras imposibles, llenas de curvas de puertos de montaña y tras casi dos horas de recorrido desde casa, llegamos a Carranza, por donde alguna vez con mis padres nos aventurábamos en esa zona cercana a Valmaseda, ahora se dice Karrantza y Balmaseda, cuando ibamos camino de Medina. Estas carreteras montañosas siguen igual, no han sido transformadas por la modernidad y circulan peligrosamente por ellas los ciclistas, por lo que tienes que conducir con muchísimo cuidado. Cuando a primeros de agosto visitamos Ramales de la Victoria nos dimos cuenta de que allí cerca estaban la famosa cueva de Covalana, que pertenece a Cantabria y la de Pozalagua, que pertenece a Bizkaia, asi que fui en busca de entradas para visitarlas pero sólo pude reservar en Pozalagua, porque para Covalanas no habia plazas libres hasta bien entrado septiembre. Había mucha gente esperando y también mucho niño con sus padres, aprovechando llenar de actividades las vacaciones de agosto. La cueva, en comparación con las que conocemos, nos pareció pequeña. Tiene una sala grande en el medio, de gran altura, donde suele haber un lago aunque ahora no había nada que reflejar porque no había suficiente agua. Tras recorrer unas pasarelas nos llevaron a la zona donde se encuentra la mayor concentración de estalactitas excéntricas a nivel mundial, la sala Versalles. Estábamos a 13º con el chubasquero subido hasta el cuello, aunque alguien, seguro que valiente bilbaino, hizo la visita en camiseta y pantalón corto durante toda la hora que estuvimos dentro. La guía llevaba un sistema de megafonía muy antiguo, de esos de altavoz colgante por lo que era difícil escucharla en un grupo tan grande y con una acústica reverberante de cueva. Como estábamos al final del grupo, nos dedicamos a observar con detalle todo lo que esta interesante cueva, suavemente iluminada, ofrecía a nuestro alrededor. Junto a las clásicas estalactitas y estalagmitas de todos los tamaños y alturas, algunas unidas ya entre sí, vimos otras que estaban naciendo y que dentro de cientos de miles de años, por no decir millones, serán iguales que las anteriores. Enseguida pudimos apreciar y admirar las joyas de esta cueva: las curiosas estalactitas excéntricas cuya largura y anchura en Pozalagua es superior a la de otras cuevas del mundo. Estas formaciones, desafiando la ley de la gravedad, adoptan formas caprichosas, como si fueran raices, corales, patas de pulpo, enredadas hebras de fregona, desmelanadas melenas rizadas...lo que se te ocurra en cuestión de formas redondeadas, retorcidas y enmarañadas, ya que para eso están quienes interpretan figuras surrealistas en las formaciones rocosas y no hay cueva que se precie sin que tenga algo referente a algun personaje famoso, religioso o de la política. Esto se debe, segun entendimos, a que la roca de dolomita se presta en su composición química y geológica a desarrollar junto con las gotas que se filtran por ella, prolongaciones de estalactita que van en cualquier dirección y que las corrientes de aire y los miles de años terminan por rematar dando lugar a esas admirables formas curvilíneas tan especiales y originales. Muy interesante. Al salir de la cueva tras visitar su centro de interpretación, agradecimos el calor de la montaña, visitamos la antigua cantera de dolomitas y nos asomamos al balcón desde donde se veía todo el verde valle de Karrantza. 

Al fresco de la tarde

Al fresco de la tarde

Son muy pocos los dias en los que puedes sentarte en la zona norte de las casas de Lastras de la Torre y el del 7 de agosto pudimos hacerlo al calor de la amabilidad de nuestros amigos. El dia había sido abrasador, llegamos por el pantano de Sobrón a visitar en Medina a Cipri y a Pablo y de paso ver el Museo del Monasterio de Santa Clara; comimos en el Rivero y bajamos hasta Ramales de la Victoria por los Tornos. Hacía mucho tiempo que no iba por allí, desde la última vez que participé en la marcha de Carlos V tras su desembarco en Laredo allá por 2004. En Ramales nos quedábamos a hacer noche con toda la comitiva que acompañaba al Emperador, era divertido, nos recibían con aplausos y nos daban de cenar generosamente, luego había verbena y dormíamos en nuestras esterillas en el polideportivo, aunque algun año lo hicimos en tiendas de campaña pero el frío de Octubre se notaba demasiado. Tras un café con hielo en la plaza, visitamos la iglesia de San Pedro y cuando empezó a bajar el calor, subimos los Tornos en dirección a Lastras. Allí estaban los amigos esperándonos: Elo y LuisMari, Cloti y Jaime. Nos sentamos en la campa de la zona norte, donde el viento soplaba suave pero fresco, nos pusimos al día contándonos de todo, nos sacamos unas fotos y nos despedimos, deseando que Antonio, el marido de Elena, se recupere muy pronto y podamos volver a reunirnos todos juntos en breve tiempo.

Las maletas de la vocación

Las maletas de la vocación

En la excursión anual a Medina de Pomar para saludar a nuestros amigos, hicimos una visita al Museo y a la Iglesia del Monasterio. Cada vez que entro al Monasterio de Santa Clara me emociono viendo el progreso de esta joya arquitectónica que conocí hace más de medio siglo atrás recordando cómo ha evolucionado hasta conseguir el esplendor que ahora tiene. Tenia 10 años cuando en una excursión del colegio nos enseñaron por primera vez el Monasterio y lo que más recuerdo de aquella primera visita fue el momento en el que pusieron en marcha el mecanismo del famoso Manifestador de la Paloma que subia y bajaba y se desplegaba como si fueran rayos solares de un dorado brillante. Aquello me pareció magia y me quedé prendada del Monasterio. Luego mis padres compraron una casita en Medina y en los veranos íbamos muy a menudo a pasearnos hasta el Monasterio, cerca del río. Mi memoria activa recuerdos que recorren este mismo lugar y me veo pidiendo a las monjas la llave para ver el Cristo de Gregorio Fernández, ellas la metían en un cajón que se hundía con mucho misterio dentro de la pared del vestíbulo de la iglesia, abríamos la cancela y allí aparecía esta maravillosa imagen tras unas rejas medievales. Luego entrabas en la iglesia y te topabas encima de tu cabeza y debajo del coro, con las renancentistas esculturas en alabastro de Maria de Tovar e Iñigo Fernandez de Velasco y me llamaba mucho la atención aquellas modas del siglo XIV donde ella se vestía casi como una monja y en él sobresalia su vistosa bragueta de armar, simbolo de las cualidades de los gobernantes como la virilidad, la militaridad, la gobernanza. A finales del siglo pasado se rodó un documental sobre el Monasterio y la influencia de la familia Velasco, donde me vistieron de monja, me paseaban por el convento y terminaba declamando junto al comulgatorio de clausura del siglo XVI que se ve en la foto...yo, sor Inés de Villasanza, hija de San Agustín de Hipona.... Allá por los años 90 del siglo pasado, tuve mucho contacto con el Monasterio y sus monjas y nunca he dejado de acordarme de aquellas historias. Ahora, en sus veranos, disfrutamos de su impecable hospedería, de la exquisita repostería de las monjas herederas de los secretos de un pastelero jubilado del pueblo que hacía unos "chevalier" deliciosos; de alguna confidencia junto al torno con ellas, de la misa de 9 de la mañana y sobre todo de la paz que por las noches rodea el recinto sabiendo que ellas están cerca rezando por nosotros y por el mundo, que tanta falta nos hace. Me sorprendió ver en una de las salas del Museo un lugar destinado a los baúles y maletas que traían las postulantes a monjas, algunas con centurias de vida y otras muy modernas, señal de su permanencia desde hace más de siete siglos, dejando constancia de su adiós al mundo y de su entrada en la antesala de lo divino.

Glorioso San Cristobal

Glorioso San Cristobal

Glorioso san Cristóbal, gigante en Santidad, que llevaste a Dios niño, viril de caridad. Danos tu fortaleza para poder llevar a Cristo en nuestra vida y de su amor gozar.

Así reza el himno a San Cristobal que cantábamos el 10 de julio en la iglesia del mismo nombre, la de nuestro barrio, rindiendo con devoción honores de santidad a este Santo tan peculiar, patrono de los chóferes y conductores. Mientras tanto, Pedro estaba fuera esperando a la sombra fresquita de un tupido árbol, con el coche limpito y engalanado con flores. Otros conductores, con las flores de sus coches empezando a marchitarse por el abrasador sol del mediodia, también esperaban impacientes y sofocados en sus asientos a que se les diera el aviso para poder conducirse hasta el Santo y recibir tan protectora gracia. De repente todos ellos escucharon el sonido de las campanas que anunciaban el fin de la misa y arrancaron con brío los motores rugientes porque sabían que les faltaban segundos para ver a nuestro querido San Cristobal cargado de agua bendita para aspersarla generosamente en sus carrocerías y completar agradecidos el peregrinaje. Entre tanto, yo estaba esperando en la acera de enfrente a que apareciera Pedro montado en nuestro floreado caballo de hierro para sacarle la foto justo en el momento en el que era bendecido. Cuando así fue, sentí atrapada la alegría de estar protegidos hasta la próxima bendición. Un sentimiento de bienestar y alivio inmenso. Una vez conseguido el recuerdo de tan ansiado regalo, me monté en el coche y juntos nos fuimos saludando, como hacen los reyes, a la gente que allí estaba persenciando esta bonita tradición. 


Gibraltareando

Gibraltareando

Cuando llegamos a la Linea, me impresionó mucho ver por primera vez esta inmensa mole de piedra. La descubrimos por su cara oeste, de un tupido verde oscuro donde se encuentra la reserva natural y los famosos macacos. No la imaginaba tan alta ni tan majestuosa, pero sus 426 metros de altura en un paisaje tan liso y marino la realzan de modo natural. Una vez en la habitación, correr la cortina y toparnos de frente con el Peñón fue un regalo para la vista que disfrutamos todos los dias de nuestra estancia. Cada día mirábamos si había atracado algun crucero para decidir pasar allí o dejarlo para la tarde cuando el barco partía a otro destino y las calles se vaciaban de cruceristas. En este privilegiado asentamiento con sus casas apelotonadas en cuesta internándose cada vez más en la bahía, viven unos 34.000 gibraltareños en viviendas de estilo genovés y modernos rascacielos. En la foto estoy cruzando su peculiar aeropuerto, que es muy pequeño y tiene una actividad constante. De aquí salen y aterrizan aviones continuamente y como tienes que atravesarlo a pie para llegar al centro, cuando menos lo esperas te cierran la pista, y a esperar a pleno sol a que vuelvan a abrir el paso a los transeuntes.  Durante el tiempo que estuvimos allí, visitamos varias veces Gibraltar porque nos pareció divertido, ameno, vibrante de vida y auténtico porque aunque llevan allí desde 1713 no han perdido nada de su personalidad british, al contrario, la han afianzado. La gente conserva sus costumbres y ese inconfundible aspecto británico. Allí no hay ni un letrero o señal en castellano, en los bares la bebida y comida tiene sello inglés, se paga en pounds, aunque también puedas hacerlo en euros. La única coincidencia con nuestra forma de vivir, es que circulan por la derecha. Esta ciudad de casi siete kilometros cuadrados va ampliando terreno con metros que gana al mar continuamente. Aun así, las aceras son estrechas, curvosas, hay mucho tráfico y es difícil moverse. Tras sortear varios pasos de cebra dispuestos donde menos lo esperas, llegas por el túnel donde está la puerta de la ciudad amurallada con su paso levadizo, a la gran plaza Casemates, llena de tiendas y bares. De esta efervesvente plaza, destacamos el Lord Nelson porque nos comimos un fish&chips delicioso. La fritura no era la clásica andaluza sino una crujiente masa orly. El pescado era una cola de merluza, las patatas eran caseras, la ensalada iba acompañada de mayonesa y puré de guisantes y estaba fresquita. Nos dejaron un cestillo con condimentos british: vinagres de malta, ketchup, mostaza, salsa Brown…nada de aceite de oliva. Parece increíble la fama tan mala que tiene este típico plato inglés, con lo rico que estaba. Nosotros lo repetiríamos sin dudar. Las pintas de cerveza craft sabían a gloria y el precio, 36£ nos pareció muy ajustado. Además el personal es muy agradable y te sientes cómodo y a gusto observando el trajín de la plaza mientras la van preparando para los bailes y fiestas de los weekends. De este lugar pasas a la Main Street llena de joyerías, tiendas de licores y tabaco, chocolates, gafas de sol,  ropa de marca y hasta de un británico Mark&Spencer. Otro dia que pasamos, llegamos paseando hasta las animadas playas del lado del Mediterráneo. Vimos tres, una muy cercana a la verja, otra playa en una bahía que tenía casas de colores de estilo genovés y otra playa muy grande con muchas tablas de surf clavadas en la arena. Tuvimos que darnos la vuelta porque no había más acera, si no, hubiéramos dado la vuelta al Peñón. Un dia que no había cruceros que asfixian la ciudad con cientos de personas, subimos al Top Rock en el Cable Car para disfrutar de la reserva natural. Mientras escalábamos la montaña, las vistas del Atlántico y del Mediterráneo se iban desvelando y observar toda ese inmenso panorama te cortaba la respiración. Arriba en la cumbre del Top se veía la silueta alargada del Peñón, su pared este con caída en vertical y paisajes a 365º. Se conservan muchas baterías de cuando la guerra. Hay varios miradores, uno es de suelo de cristal, el Sky Way, colgado de la zona este, que da vértigo paseártelo. Por el lado oeste se ve el puerto y todo lo que ha crecido Gibraltar a base de ganar terreno al mar. Vimos las baterías O’Hara con túneles por dentro y salas de máquinas y talleres donde se hacían las bombas. Dentro de esta gran roca hay nada menos que 52 kilometros de túneles y montones de instalaciones interiores de la época de guerras que ahora se siguen aprovechando para otros fines. En el recorrido entramos en la bonita cueva de San Miguel muy bien preparada por dentro con juegos de luces y sonidos de la naturaleza. Se llama de San Miguel porque hay unas altisimas estalactitas que según como estén iluminadas ves claramente al Ángel con su cabeza y las alas desplegadas. Continuando con el recorrido llegamos hasta el puente colgante Windsor, de madera, que tiene de bueno que puedes pasearlo en paralelo por un sendero junto a la roca y desde allí sacas fotos a la gente que anda por el puente. De mientras, por los senderos de la costa oeste con vistas al puerto y a la bahía de Algeciras, te encuentras a los famosos macacos que preferí no mirar porque nos llevamos bastante mal. Al final de los curvosos senderos con mucha pendiente de bajada, llegamos a la columna de Hércules de lado europeo, que muestra el mapa del viejo mundo en una cara, el famoso non plus ultra y que, tras Carlos V, se convirtió en el plus ultra reflejándolo en el mapa del nuevo mundo por la otra. Este lugar era uno de los montes que indicaban el final del mundo conocido, por ello allí estaba este pilar de Hercules recordándonos el "non plus ultra" o lugar en el que los barcos no debían adentrarse. El otro pilar está en Africa, en el monte Abila. En este sitio junto a un espléndido mirador terminaba la reserva natural. Ese dia llegamos al hotel con los pies deshechos, pero los descansamos en la playa metidos en el agua para ir a cenarnos después unos pescaditos en el Salas. El último dia de nuestro viaje volvimos a pasar a Gibraltar para hacer unas compras y tomarnos la última pinta en el Aragon House cuyas especialidades como el Shepherd’s Pie, o el hígado encebollado, tendremos que probar cuando en breve volvamos, probablemente en invierno con el fin de pasar menos calor y poder moverte más a gusto.

Faros del sur

Faros del sur

Con lo aficionado que es Pedro a los faros de los litorales, en este viaje al este de Cadiz tuvo la oportunidad de ampliar su colección de fotos con muy buenas instantáneas ya que todo ese litoral ha tenido y tiene mucha actividad farera. Comenzamos por el faro de Torrecarbonera junto a la cuidada urbanización de la Alcaidesa, con iluminación y palmeras en sus carreteras, campo de golf que da a la playa y un señor escondido que vendía pelotas de golf al otro lado de la valla metálica del campo. Esa misma mañana fuimos a Torre Sabá o Torre Nueva y como había un buen aparcamiento justo encima de la playa, tras sacarnos las fotos junto al faro, bajamos los bártulos y los colocamos frente al mar para bañarnos. Ese día había olas y resaca, además de un gran escalón dentro del agua que pasabas de cubrirte la rodilla a llegarte el agua al cuello en pocos pasos. Menos mal que nos agarrábamos a los cabos con boyas que marcaban la pasarela de las barcas, y así nos pudimos bañar más seguros. El día que fuimos a Sotogrande, también había una torre a modo de faro en el espigón que se remataba en una escultura vasca estilo “peine de los vientos” donde se leía el nombre del autor y el precio de la obra de arte. Otro día llegamos hasta el Faro de Punta Carnero, al otro lado de la bahía de Algeciras justo enfrente del Peñón de Gibraltar, donde no había nadie. Otra mañana madrugamos para ir hasta el Faro de Trafalgar a hora y media de distancia del hotel. El faro está en lo alto y es de los de libro, con sus 34 m de altura y una linterna enorme. Pedro está en la foto en este faro. A su alrededor, los interminables kilómetros de playas son de arena blanca y fina. Vimos kit-surferos y jinetes a caballo paseando por la orilla. Se podría decir que esas playas se conservan algo así como en estado puro pues están llenas de dunas y vegetación. Además, no dejan aparcar junto a las playas. También notamos que en la zona hay un marcado ambiente de estilo bohemio. Había gente en la playa pero era incómodo estar allí porque el viento de Levante soplaba con fuerza y los granos de arena parecían flechas que se te clavaban en la piel, asi que bajamos hasta Barbate y como tuvimos la gran suerte de poder aparcar justo en la misma acera de la playa, sacamos los bártulos y nos colocamos en la orilla. La playa urbana es muy bonita, de arena fina y compactada, sin riesgo de hundirte. Por último, uno de los días que pasamos al Peñón con coche, fuimos hasta el Lighthouse, el interesante Faro de Gibraltar, enclavado en un lugar muy especial con unas vistas espectaculares de África, la costa este del Peñón y la bahía de Algeciras. La zona está muy bien preparada para visitarla, junto a la Universidad, y puedes pasearte por el sinuoso acantilado y entre las baterías que quedaron de cuando la guerra. En este parque hay una curiosa mezquita realmente preciosa, con un minarete altísimo, adornada con azulejos y dorados y una media luna inmensa coronándola.

Noche de San Juan en Santa Barbara

Noche de San Juan en Santa Barbara

Este año pasamos la noche de San Juan entre olas y arena. Pasadas las 11 de la noche salimos del hotel hacia la playa de Santa Barbara para ver quemar la hoguera que habían preparado muy cuidadosamente días atrás, metida en un cubo perfecto y coronada con mucha gracia por un sonriente marinero en su barca y un pulpo que nos guiñaba el ojo. El espectáculo empezaba a las 12 de la noche y como llegamos antes de comenzar a prenderse, nos sentamos en la arena a presenciar admirados la bonita tormenta eléctrica que cubría todo el horizonte con viento, truenos y relámpagos destelleantes y alguna que otra gota de lluvia que apenas llegaba al suelo. El ambiente en la playa era muy festivo y la gente se bañaba valiente y esperanzadora en la oscuridad de la noche cumpliendo con el rito de la renovación tras echar a la hoguera su papelito lleno de deseos. En la hoguera, el remate del gracioso marinero con su barca y un pulpo gigante fue lo primero que se quemó. Nosotros también llevábamos escrito lo que suele quemarse en este fuego: miedos, tristezas y malos recuerdos, y aprovechando que estábamos junto al mar también escribimos los deseos que nos gustaría se hicieran realidad para lanzarlos al agua con la esperanza de que nos los trajera el universo. Como había oleaje me mojé una zapatilla, así que me descalcé, que es lo que tenía que haber hecho desde un principio y me metí al agua que estaba todavía calentita del calor del día. Estuve saltando las olas de la orilla más de nueve veces, que es lo indicado. La gente se bañaba alegremente y eso que no hacía calor, es más, los bonitos relámpagos desembocaron en una lluvia suave y las gotas empezaron a calarnos mientras estábamos sentados en la arena viendo apagarse el fuego. Todos queríamos sacarnos fotos con la hoguera y el calor de las llamas nos quemaba desde lejos. Las llamas no dejaban de desprender mucho calor y tuvimos que alejarnos hasta la orilla. Tras dejar a más de mil kilómetros nuestros deseos y tirar papelitos al fuego, sobre las 00:15 del nuevo día de San Juan, emprendimos el viaje de vuelta. Cuando nos fuimos, la playa seguía abarrotada de gente, con música de discoteca, bailando, bebiendo y algo más... porque en algunos momentos nos llegaban olores de fumatas dulzonas. Durante el camino al hotel fuimos bendecidos por una lluvia densa y constante que afortunadamente y como no hacía frío, nos resultó muy agradable y bien recibida.

Playas de levante

Playas de levante

Hemos estado pasando unos dias este mes de junio en la zona mas meridional de la península, en la Linea, a pocos metros del Peñon de Gibraltar. Toda esa franja terrena del final del continente mirando a Levante, al Mediterraneo, tiene unas playas inmensamente largas y de diferentes tipos de arena, algunas finas y otras tan gruesas que quemaban los pies. En unas podías jugar a las palas porque el suelo estaba compacto y en otras te hundías y no podías pasearte por la orilla. Ha habido dias con olas y resaca, otros con el mar en calma pero todos ellos nos han proporcionado unos relajantes baños cada jornada que hemos estado allí. Los pececillos nadaban sin miedo junto a nuestros pies para que les levantáramos la arena y pudieran atrapar sus comiditas. Este lugar es muy tranquilo y puedes disfrutar de la playa sin gente alrededor. El largo paseo marítimo te llevaba andando hasta la Atunara donde estaba la iglesia de la Virgen del Carmen y su puerto pesquero. Luego ya en coche, podías llegar a la otra kilométrica playa de la Sobrevela, de allí hasta la playa de la Torre Nueva y un poco mas adelante a la de Sotogrande. Lo bueno de todos estos kilometros de recorrido playero, es que no vimos edificios, rascacielos ni aglomeraciones de complejos turísticos llenos de apartamentos....ni apenas turistas. Hay muy poca hostelería y la que hay es la de toda la vida, donde va la gente local con la seguridad de que lo que comes es de garantía y además te atienden de maravilla. No olvidaremos sus frituras de moya o brótola, la rosada macerada en limón, las almejitas, los chocos, las gambas fritas, los boquerones y el cazón en adobo. Qué refrescantes esos tanques de cerveza helada.... Aquel lugar es tan agradable y relajado y su gente tan simpática y acogedora que parece otro mundo, por eso nos gustó tanto. Lo tenemos apuntado para volver cualquier invierno de estos.

Con la prima Agustina

Con la prima Agustina

De camino a Cadiz, nos paramos en casa de mi prima Agustina para dejarle la crema Gerovital que le traje de Rumanía y de paso darnos un abrazo, que hacía mucho tiempo que no nos veíamos en persona aunque sí nos hayamos visto y charlado por las redes de vez en cuando. La mañana estaba soleada y fresca cuando llegamos. Allí estaba el primo Pedro esperándonos a la entrada de la cuidada urbanización donde viven con parque y piscina, para llevarnos hasta la bonita casa que tienen tan llena de luz, con su chimenea, un precioso piano de cola, el gato, los cultivos que cuida mi prima y un jardín lleno de flores. Nos obsequiaron con un apetitoso y abundante brunch y brindamos con el famoso cocktail Mimosa, con champán doble para mí, pues me bebí el de Pedro aprovechando que no tenía que conducir como él Guiño. El tiempo se nos pasó volando charlando y riendo. Sólo estuvimos una horita juntos porque teníamos 8 horas de viaje por delante y me marché con pena de no haber disfrutado más tiempo de la compañía de mi prima, asi que tenemos que volver con tiempo para pasearnos por la ciudad de Salamanca y divertirnos relajados de nuestra bonita amistad.

Apurando el final del viaje

Apurando el final del viaje

El último día de nuestro viaje estuvimos disfrutando de la capital de Rumanía, Bucarest. La pequeña París nos dejó muy gratamente impresionados por la belleza de sus edificios de finales del siglo XIX restaurados y sin restaurar con unas esculturas y decoraciones en las fachadas bonitas y elegantes recuerdo de un pasado glorioso donde la realeza, la nobleza y el progreso de su gente, no escatimaba en lujo y esplendor. El ambiente en las calles era muy alegre y la gente llenaba las terrazas de los bares y cervecerías, como la de Caru cu bere, o el vagón de la cerveza, de 1897 y en estilo neogótico llena de flores por dentro. Este lugar tiene su historia. En 1999, Caru’ cu Bere les fue devuelto a sus herederos e iniciaron una importante serie de reformas para devolverle a la propiedad el esplendor original. Este lugar tiene la categoría de monumento histórico y dentro ves un despliegue decorativo de lo mas bonito del art nouveau. Más adelante, mientras paseábamos tranquilamente admirando edificios, llegamos a esta cervecería de patios inmensos decorada al estilo rústico, era el El Hanul lui Manuc construida como posada en el año de 1808 por un khan. Era un punto donde las caravanas se paraban para tomar un descanso junto con sus animales y luego seguir su camino. El nombre hace referencia a su primer dueño, un empresario armenio que era muy rico y extravagante. Para mediados del siglo XX, el Hanul lui Manuc era el lugar comercial más importante de Bucarest, con mas de 100 habitaciones, tiendas y otros servicios. Aquí decidimos gastarnos los últimos leis que nos quedaban y el camarero, muy simpático, que sabía castellano porque había estado trabajando en Mallorca, nos aconsejó que comiéramos unas mezzi o albóndigas alargadas de cordero, muy ricas, con patatas fritas y algo de ensalada que con las inmensas cervezas nos dejaron muy satisfechos. A la salida nos encontramos con una pareja que confundimos con españoles y les dijimos que entraran a ver por dentro esta construcción y resultó ser una pareja de rumanos que ya estaban jubilados y habían trabajado en Barcelona, muy simpáticos y encantadores. Al seguir nuestro camino hacia el Ateneo romano, vimos montones de terrazas que ocupan las aceras del casco viejo, fachadas espectaculares llenas de esculturas y sobre todo mucha vida. Llegamos al Ateneo, un imponente edificio neoclásico sede de la Orquesta Filarmónica Rumana y uno de los lugares de concierto más populares de la ciudad que ha acogido a algunos de los músicos más famosos del mundo porque goza de una acústica excelente, No pudimos visitarlo por dentro porque estaban en plena representación, pero debe ser tan impresionante como la parte exterior, con una gran cúpula central bordeada de los nombres de los dramaturgos de la antigüedad, un pórtico de altas columnas y elegantes escalinatas. También nos impactó el Palacio Real, frente al monumental edificio de la Biblioteca de la Universidad Carol I, conocido durante la etapa comunista como Palacio de la República, con la estatua de este primer rey de Rumania, montado sobre su caballo. El fundador de la dinastía rumana y del moderno estado rumano, conquistó la independencia del Imperio Otomano en 1877 y el palacio sirvió de residencia de la familia real rumana hasta la toma del poder por los comunistas en 1947. La familia real actualmente reside en el Palacio Elisabeta. Desde 1950, el Palacio alberga el Museo Nacional de Arte de Rumania. Cerca había otro Monumento que parecía un pintxo con una aceituna, el Memorial del Renacimiento, que conmemora al pueblo rumano que perdió la vida durante la Revolución de 1989 al enfrentarse y derrocar al régimen comunista. El monumento está formado por unas estatuas de bronce y un pilar central de mármol de 25 metros de altura sobre el cual se coloca una corona de bronce. Entramos en el Monasterio Stavropoleos, un monasterio ortodoxo rumano situado en el centro de Bucarest. El monasterio fue fundado a principios del siglo XVIII por monjes del Monte Athos, en Grecia. Es muy atractivo debido a su hermosa arquitectura y pinturas. Después recorrimos la Calea Victoriei, el bulevar histórico más antiguo y representativo de Bucarest que tiene un pasaje, el pasaje Victoria o la calle de los paraguas, repleta de paraguas de colores. Otro interesante pasaje es el pasaje Macca construido en el año 1891 que forma la unión de dos calles bajo una cubierta de hierro, con forma de herradura y vidrio, y ahora es un sofisticado pasaje comercial con mobiliario del siglo pasado y arquitectura francesa. El bar Van Gogh con los cuadros del autor. La impresionante librería Carrusel, donde estoy en la foto. Se trata de un edificio donde a lo largo y ancho de sus 6 plantas se extienden estanterías, escaleras, barandillas de hierro e infinidad de libros de diferente temática que se entrelazan entre sí para formar una atractiva composición en un espacio lleno de luz. También hay una cafetería que visitaremos en otro momento. En la ápoca pre-comunista fue el Banco Chrissoveloni y durante la era comunista fue nacionalizado, convirtiéndose en unos grandes y deprimidos almacenes comunistas que terminaron abandonados hasta que en 2015, después de cinco años de restauración, el local se convirtió en esta magnífica librería. Allí compramos un recuerdo especial, una pareja sentada pensante de la época del neolítico que representa a nuestra civilización. Tiene la peculiaridad de que es de esas figuras que se han llevado al espacio por si alguien nos encontrara. Mientras recorríamos la ciudad encontramos más iglesias, catedrales, parques y montones de museos que en algún otro viaje visitaremos, así como sus famosas termas, a 14 km de la ciudad.

Una maravilla de paseo, nos ha gustado mucho Bucarest. Una ciudad realmente muy interesante.

Descubriendo bellezas de Rumania

Descubriendo bellezas de Rumania

Antes de pasar al último dia de nuestra estancia en Rumania visitamos la ciudad de Siguisoara, Patrimonio de la Unesco, que tiene un casco viejo muy medieval de los más bonitos que hemos visto. En la foto estamos junto a la Torre del reloj, con su autómata, aunque no lo vimos funcionar y al lado se ve la casa, pintada de amarillo, donde nació Vlad el Empalador, adornada con su particular temática draculesca. Disfruté mucho paseando por sus adoquinadas calles de desiguales aceras, edificios que te trasladaban al pasado, fachadas con flores, una calle con paraguas colgados, bares que parecían sacados del medievo, su casco viejo adoquinado y torres de madera con tejados picudos más altos que el resto de la edificación. El hotel fue espectacular. Estaba decorado en esa madera tan típica de allí, con las paredes llenas de cuadros y frescos de su folclore. La habitación era una suite con hall de entrada, salon con televisión y chimenea de colorida cerámica. La habitación principal era enorme, con un baño igual de grande. Al llegar tuvimos la suerte de vivir el momento en el que el recién elegido nuevo Papa, Leon XVI salía a la terraza de la basílica de San Pedro ese miercoles 7 de mayo, para darse a conocer e impartir su primera bendición urbi et orbi. Al dia siguiente, lloviendo y con mucho frío, llegamos al Lago Rojo, que debe su nombre a la arcilla que se desprendió del monte cuando se creó. Este lago natural, que en algunas zonas alcanza los 10 metros de profundidad, se asienta en una zona de bosque de pinos inundada que se creó a mediados del siglo XIX debido al desprendimiento de una ladera de monte a causa de las fuertes lluvias y de los terremotos. Es un lugar muy agradable para pasar el dia rodeado de bosques de altisimos árboles de un verde muy oscuro. Además tiene un romántico embarcadero con sus barcas para pasearte por sus tranquilas aguas. Mas tarde en ruta y bajando un puerto lleno de curvas y mucha pendiente en pleno paraje Cárpato, paramos en las gargantas de Bicaz, unos cañones muy estrechos ubicados entre unas impresionantes y altísimas paredes de piedra que encauzan un río salvaje que baja con mucha fuerza de las montañas. El paisaje nos resultó espectacular porque nunca habíamos visto unas paredes tan asombrosamente altas, grises, desafiantes, afiladas, lisas, rectas y tan cercanas que casi se tocaban entre sí. Llegaban a medir 500 metros de alto sobre el asfalto. Sacamos muchas fotos bajo una persistente lluvia helada. Luego llegamos a Piatra Neamt (la perla de Moldova) con su casco viejo, la torre del reloj de Esteban el Grande junto a la iglesia de San Juan Bautista, sus monumentos medievales y un teleférico que subía al monte Cozla desde donde se veían de los Carpatos orientales. Las cervezas craft nos supieron buenísimas.

Monasterios de Bucovina, un punto y aparte

Monasterios de Bucovina, un punto y aparte

Otro dia de la estancia en Rumania, fuimos a visitar 2 de los numerosos monasterios medievales que hay en Bucovina, muy cerca de la frontera con Ucrania. Cuando al fin llegamos al primero de ellos por curvosas carreteras interminables, no nos podíanos imaginar la sorpresa que nos íbamos a llevar nada más entrar al recinto del Monasterio ortodoxo medieval de Moldovita. La iglesia ortodoxa del monasterio, de arquitectura bizantina, tenía las paredes exteriores repletas de minuciosas pinturas bellísimas donde se retrataban santos, profetas, escenas de la vida de Jesus, de la Virgen y montones de escenas de la Biblia y los Evangelios. Aquellas pinturas formaban una completa catequesis en forma de viñetas individuales, bordeadas y sombreadas por esos colores azulados y amarillos tan especiales y únicos de esa zona. Su importancia y originalidad las han otorgado el privilegio de formar parte del patrimonio de la humanidad. La primera visión nos dejó maravillados y resultó hipnotizante escuchar observando cada cuadradito de pared la descripción concreta de cada una de las escena sobre todo de los Evangelios y también de otros temas relacionados con la religión como el del "Asedio de Constantinopla" que conmemora la intervención de la Virgen para salvar la ciudad del ataque persa en el año 626, aunque el asedio representado pudiera ser la caida de Constantinopla de 1453). Cada escena está detallada con gran expresividad y es un relato completo con su propio principio, desarrollo y final de un pasaje, milagro o hecho evangélico. Te pasarías años estudiando cada centímetro de esas paredes porque los detalles de las imágenes representadas están vivos y bien definidos, con movimientos, con esas expresiones medievales en las caras que parece que te están mirando. En el interior, tan recogido y tan íntimo en su espacio, el pantocrátor de la linterna y las variadas imágenes pintadas en paredes y techos eran igualmente bellas y admirables. Nos lo explicó una monja con su puntero láser, vestida con su hábito claramente ortodoxo, y luego al final de la explicación vino la madre superiora a saludarnos y aprovechó para darnos un sermón maravilloso basado en el amor de Dios, en la libertad que nos ha dado para utilizarla lo mejor posible, en la necesidad de extenderlo a toda la sociedad y de vivir bajo su principal mandamiento, el del amor. Eran tan emocionantes sus palabras y tan cargadas de pasión que las escuchamos concentrados conteniendo la respiración para no perdernos nada. Al final, conmovidos porque lo que nos había dicho nos había llegado de pleno al corazón, se hizo tal silencio que parecíamos en trance y a todo el grupo se nos escaparon un puñado de lágrimas. Llenos de la paz que nos transmitió esta mujer tan espiritual, nos fuimos despidiendo de ella y cuando me tocó a mi, me abrazó muy fuerte y me dio 3 sentidos besos. En el jardín nos sacamos fotos con ella. Esta visita será inolvidable para siempre. El sentimiento de felicidad que nos transmitió no se nos olvidará jamás. De allí me llevé un pequeño icono de recuerdo.

Después de comer fuimos a ver el monasterio de Voronet, también del siglo XVI, que aunque tiene menos pinturas en las paredes al estar peor conservado, le llaman la Capilla Sixtina Oriental por su magnífico fresco de El Juicio Final, que cubre por entero la pared oeste y segun dicen los expertos, es la mejor composición pictórica de todos los monasterios que hay por esa zona. Su iglesia por dentro era muy parecida a la de Moldovita. Alrededor del monasterio disfrutamos con los vendedores de la zona de tiendas haciendo prácticas con nosotros para mejorar su castellano.

En el castillo de Bran

En el castillo de Bran

Otro dia de nuestro recorrido por Rumanía, bajando por un puerto lleno de curvas y árboles altísimos con los Cárpatos de fondo, llegamos al Castillo de Drácula o castillo de Bran. El castillo está en lo alto de una colina 🏰 como se ve en la foto, rodeado por un recinto de parques con su romántico lago y nos impresionó porque está asentado muy altivo en la misma roca de la montaña y así ves una pared en roca y las otras diferentes, alguna con inscripciones góticas, tejaditos de muchos tamaños, formas y alturas, ventanas mas bien pequeñas, diferentes entre sí y la verdad es que esta falta de armonía y el alzado apuntado le da un aire casi siniestro. Data del siglo XIV y es de estilo sajón. Fue, entre otros moradores, residencia de Vlad Tepes, el empalador, nacido en Siguisoara en 1428, personaje histórico de la orden de Dracul que significa dragón, a la que pertenecia su padre, de ahí le viene el nombre de Dracula, hijo de Dracul. Bram Stocker se inspiró en la creencia popular de la existencia de un hombre vampiro que correspondería a Vlad, para escribir su famosa novela Dracula. Sin embargo sólo tiene asociaciones tangenciales con Vlad Tepes en el sentido de que fue un gobernador muy vengativo que acababa sus batallas empalando a sus enemigos de batalla, sobre todo a los saboyardos que fueron los que mataron a su padre, tortura que aprendió de los otomanos quienes le criaron y formaron militarmente. Se cuentan muchas leyendas, como la de que paseaba disfrazado por el castillo para escuchar lo que decían los sirvientes y si alguna sirvienta le gustaba se la llevaba a sus aposentos amaneciendo muerta y sin gota de sangre. Otra leyenda cuenta que unos embajadores no quisieron destaparse ante él y en venganza les fijó el turbante en la cabeza con clavos de plata enviandoles así de regreso a su país. En la actualidad, el castillo de Bran es un monumento nacional y un punto de referencia en el turismo hacia Transilvania, debido a su antigüedad, su valor arquitectónico y, sobre todo, por su pretendido vínculo con el personaje ficticio del conde Drácula. Fue residencia veraniega de la famosa reina Maria y sus hijas, muy queridas por el pueblo, durante las décadas de 1920 y 1930. Al entrar dentro del castillo la sensación cambia a mejor y ves las coquetas estancias rústicas con chimeneas-estufas de porcelana de colores, un patio con sus pasarelas a diferentes alturas, más pasadizos, muchas fotos, vitrinas, historias, una auténtica escalera secreta. Ello fue debido a que en la década de 1920, el arquitecto de cabecera de la familia real, realizó profundas reformas en el edificio, pero el castillo no perdió ni un ápice de su aspecto de fortaleza medieval. Se crearon nuevas escaleras para facilitar la comunicación, se instaló electricidad y agua corriente (fría y caliente), tres centralitas telefónicas, incluso se añadió un ascensor para facilitar el acceso al jardín. Los interiores del castillo, que nunca habían sido especialmente tétricos, se llenaron de muebles y objetos históricos, buscando crear un ambiente cómodo y rústico; algunas estancias se redecoraron en estilo "alemán", "tirolés" o "dórico" (renacimiento italiano). Junto al coqueto patio, hay una estancia a la que entras a oscuras y ves unos fantasmas reflejados en la pared, un nosferatu y un poco de ambiente draculesco. También hemos visto un documental histórico de los últimos reyes de Rumania en parada militar y festejos varios con las señoras vestidas del largo de aquella época. Tras sacarnos muchas fotos en sus jardines, fuimos a visitar el Castillo de Peles, en Sinaia (la perla de los Cárpatos), antigua residencia real de verano,  donde el lujo está presente para impresionar extraordinariamente. Fue el primer castillo de Europa en tener electricidad, ascensor, bocas para la aspiradora y calefacción por aire caliente. Tiene cientos de estancias y alrededor de 30 baños lujosamente decorados que incluso puedes ver equipados y con su bañera. Salas de música, sala de teatro, un salón inspirado en la Alhambra…incontables riquezas y atractivos. La protagonista es la madera de nogal tallada en techo paredes y suelos, las lámparas venecianas, las vidrieras, las esculturas, pinturas, colecciones de armaduras, los espejos inmensos, uno de ellos de 30 m de altura, la biblioteca con puerta secreta a la habitación del rey. El castillo es de propiedad privada de los herederos de la familia real rumana y el estado se encarga de mantenerlo. Lo mandó construir Carlos I en 1883 y vivió allí hasta su muerte en 1914. La familia real continuó allí hasta su abdicación en 1947 cuando fue expropiado por el régimen comunista. En 2007 se devolvió a la familia real rumana, en concreto a Margarita de Rumania, que ahora reside en el palacio Elisabeta de Bucarest.

Recorriendo Rumania

Recorriendo Rumania

Comenzamos nuestro viaje por Rumania con una breve visita a la capital. Por carreteras llenas de curvas entre puertos de montaña con los Cárpatos como paisaje de fondo, nos metimos en el corazón de Transilvania para comenzar nuestra aventura. Llegamos a Brasov, una ciudad de casas medievales de colores. La inmensa plaza Sfatului estaba llena de elegantes edificios barrocos presididos por el Ayuntamiento de Brasov, del cual destaca su altísima torre. Allí nos tomamos una apetitosa limonada, tal como tomaba el resto de la gente y compré unas cremas de la famosa doctora Aslan. Desde ahí se veía el Monte Tampa, con las letras en blanco de Brasov, al estilo Hollywood. Cerca visitamos la famosa y gótica Iglesia Negra, del siglo XIV, en cuya torre lucía la mayor campana de Rumanía con 6 toneladas de peso. El motivo del nombre de Iglesia negra se debe al incendio que arrasó el casco histórico de Brasov y por eso sus paredes estuvieron manchadas por el negro humo tapando los frescos. Esta iglesia protestante alemana tiene un pequeño retablo con la pintura de Cristo en el huerto de los olivos. Alrededor, en los laterales, conjuntos de bancos de coro donde se sentaban los soldados para proteger a las mujeres y niños, los cuales se sentaban en los bancos centrales. Además en los muros tiene colgadas variadas y valiosas alfombras turcas que provenían de regalos de visitantes extranjeros. Los bancos de la iglesia pueden orientarse hacia el órgano barroco moviendo el respaldo, debido a que en esta iglesia se escuchan muchos conciertos. Cerca hay una calle peatonal llena de tiendas y también vimos la Strada Sforiiel o callejón de las cuerdas, la tercera calle más estrecha del mundo y la primera de Europa del Este. Este pasaje de 80 metros de longitud tiene una anchura de 111 cms en su punto de mayor estrechez. En la foto estamos en la bonita Puerta de Santa Catalina, un acceso a la ciudadela antigua con una arquitectura de época medieval como en los cuentos con su tejado de 5 puntas. Se llama así porque al lado estaba el monasterio de Santa Catalina. En aquella época Brasov se encontraba bajo dominio de los sajones y a los rumanos únicamente se les permitía el acceso a la ciudadela fortificada a través de esta Puerta de Santa Catalina, en momentos determinados y mediante pago previo de una tasa de entrada.

El hotel estaba cerca de una estación de esquí rodeado de bosques en un paisaje de montes brumosos donde los osos se comen de media 3 personas al año. Al dia siguiente tuvimos la suerte de cenar cerca del hotel en un restaurante de picudos techos de madera decorado con enormes pieles de oso, cerámicas locales. El personal fue muy amable y cenamos a gusto una de las carnes más ricas que hemos comido nunca acompañada por una cerveza excepcional mientras unos músicos vestidos con los trajes típicos de allí tocaban y cantaban canciones de su folclore.