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Innnspiracionessss.....

Las maletas de la vocación

Las maletas de la vocación

En la excursión anual a Medina de Pomar para saludar a nuestros amigos, hicimos una visita al Museo y a la Iglesia del Monasterio. Cada vez que entro al Monasterio de Santa Clara me emociono viendo el progreso de esta joya arquitectónica que conocí hace más de medio siglo atrás recordando cómo ha evolucionado hasta conseguir el esplendor que ahora tiene. Tenia 10 años cuando en una excursión del colegio nos enseñaron por primera vez el Monasterio y lo que más recuerdo de aquella primera visita fue el momento en el que pusieron en marcha el mecanismo del famoso Manifestador de la Paloma que subia y bajaba y se desplegaba como si fueran rayos solares de un dorado brillante. Aquello me pareció magia y me quedé prendada del Monasterio. Luego mis padres compraron una casita en Medina y en los veranos íbamos muy a menudo a pasearnos hasta el Monasterio, cerca del río. Mi memoria activa recuerdos que recorren este mismo lugar y me veo pidiendo a las monjas la llave para ver el Cristo de Gregorio Fernández, ellas la metían en un cajón que se hundía con mucho misterio dentro de la pared del vestíbulo de la iglesia, abríamos la cancela y allí aparecía esta maravillosa imagen tras unas rejas medievales. Luego entrabas en la iglesia y te topabas encima de tu cabeza y debajo del coro, con las renancentistas esculturas en alabastro de Maria de Tovar e Iñigo Fernandez de Velasco y me llamaba mucho la atención aquellas modas del siglo XIV donde ella se vestía casi como una monja y en él sobresalia su vistosa bragueta de armar, simbolo de las cualidades de los gobernantes como la virilidad, la militaridad, la gobernanza. A finales del siglo pasado se rodó un documental sobre el Monasterio y la influencia de la familia Velasco, donde me vistieron de monja, me paseaban por el convento y terminaba declamando junto al comulgatorio de clausura del siglo XVI que se ve en la foto...yo, sor Inés de Villasanza, hija de San Agustín de Hipona.... Allá por los años 90 del siglo pasado, tuve mucho contacto con el Monasterio y sus monjas y nunca he dejado de acordarme de aquellas historias. Ahora, en sus veranos, disfrutamos de su impecable hospedería, de la exquisita repostería de las monjas herederas de los secretos de un pastelero jubilado del pueblo que hacía unos "chevalier" deliciosos; de alguna confidencia junto al torno con ellas, de la misa de 9 de la mañana y sobre todo de la paz que por las noches rodea el recinto sabiendo que ellas están cerca rezando por nosotros y por el mundo, que tanta falta nos hace. Me sorprendió ver en una de las salas del Museo un lugar destinado a los baúles y maletas que traían las postulantes a monjas, algunas con centurias de vida y otras muy modernas, señal de su permanencia desde hace más de siete siglos, dejando constancia de su adiós al mundo y de su entrada en la antesala de lo divino.

Glorioso San Cristobal

Glorioso San Cristobal

Glorioso san Cristóbal, gigante en Santidad, que llevaste a Dios niño, viril de caridad. Danos tu fortaleza para poder llevar a Cristo en nuestra vida y de su amor gozar.

Así reza el himno a San Cristobal que cantábamos el 10 de julio en la iglesia del mismo nombre, la de nuestro barrio, rindiendo con devoción honores de santidad a este Santo tan peculiar, patrono de los chóferes y conductores. Mientras tanto, Pedro estaba fuera esperando a la sombra fresquita de un tupido árbol, con el coche limpito y engalanado con flores. Otros conductores, con las flores de sus coches empezando a marchitarse por el abrasador sol del mediodia, también esperaban impacientes y sofocados en sus asientos a que se les diera el aviso para poder conducirse hasta el Santo y recibir tan protectora gracia. De repente todos ellos escucharon el sonido de las campanas que anunciaban el fin de la misa y arrancaron con brío los motores rugientes porque sabían que les faltaban segundos para ver a nuestro querido San Cristobal cargado de agua bendita para aspersarla generosamente en sus carrocerías y completar agradecidos el peregrinaje. Entre tanto, yo estaba esperando en la acera de enfrente a que apareciera Pedro montado en nuestro floreado caballo de hierro para sacarle la foto justo en el momento en el que era bendecido. Cuando así fue, sentí atrapada la alegría de estar protegidos hasta la próxima bendición. Un sentimiento de bienestar y alivio inmenso. Una vez conseguido el recuerdo de tan ansiado regalo, me monté en el coche y juntos nos fuimos saludando, como hacen los reyes, a la gente que allí estaba persenciando esta bonita tradición. 


Gibraltareando

Gibraltareando

Cuando llegamos a la Linea, me impresionó mucho ver por primera vez esta inmensa mole de piedra. La descubrimos por su cara oeste, de un tupido verde oscuro donde se encuentra la reserva natural y los famosos macacos. No la imaginaba tan alta ni tan majestuosa, pero sus 426 metros de altura en un paisaje tan liso y marino la realzan de modo natural. Una vez en la habitación, correr la cortina y toparnos de frente con el Peñón fue un regalo para la vista que disfrutamos todos los dias de nuestra estancia. Cada día mirábamos si había atracado algun crucero para decidir pasar allí o dejarlo para la tarde cuando el barco partía a otro destino y las calles se vaciaban de cruceristas. En este privilegiado asentamiento con sus casas apelotonadas en cuesta internándose cada vez más en la bahía, viven unos 34.000 gibraltareños en viviendas de estilo genovés y modernos rascacielos. En la foto estoy cruzando su peculiar aeropuerto, que es muy pequeño y tiene una actividad constante. De aquí salen y aterrizan aviones continuamente y como tienes que atravesarlo a pie para llegar al centro, cuando menos lo esperas te cierran la pista, y a esperar a pleno sol a que vuelvan a abrir el paso a los transeuntes.  Durante el tiempo que estuvimos allí, visitamos varias veces Gibraltar porque nos pareció divertido, ameno, vibrante de vida y auténtico porque aunque llevan allí desde 1713 no han perdido nada de su personalidad british, al contrario, la han afianzado. La gente conserva sus costumbres y ese inconfundible aspecto británico. Allí no hay ni un letrero o señal en castellano, en los bares la bebida y comida tiene sello inglés, se paga en pounds, aunque también puedas hacerlo en euros. La única coincidencia con nuestra forma de vivir, es que circulan por la derecha. Esta ciudad de casi siete kilometros cuadrados va ampliando terreno con metros que gana al mar continuamente. Aun así, las aceras son estrechas, curvosas, hay mucho tráfico y es difícil moverse. Tras sortear varios pasos de cebra dispuestos donde menos lo esperas, llegas por el túnel donde está la puerta de la ciudad amurallada con su paso levadizo, a la gran plaza Casemates, llena de tiendas y bares. De esta efervesvente plaza, destacamos el Lord Nelson porque nos comimos un fish&chips delicioso. La fritura no era la clásica andaluza sino una crujiente masa orly. El pescado era una cola de merluza, las patatas eran caseras, la ensalada iba acompañada de mayonesa y puré de guisantes y estaba fresquita. Nos dejaron un cestillo con condimentos british: vinagres de malta, ketchup, mostaza, salsa Brown…nada de aceite de oliva. Parece increíble la fama tan mala que tiene este típico plato inglés, con lo rico que estaba. Nosotros lo repetiríamos sin dudar. Las pintas de cerveza craft sabían a gloria y el precio, 36£ nos pareció muy ajustado. Además el personal es muy agradable y te sientes cómodo y a gusto observando el trajín de la plaza mientras la van preparando para los bailes y fiestas de los weekends. De este lugar pasas a la Main Street llena de joyerías, tiendas de licores y tabaco, chocolates, gafas de sol,  ropa de marca y hasta de un británico Mark&Spencer. Otro dia que pasamos, llegamos paseando hasta las animadas playas del lado del Mediterráneo. Vimos tres, una muy cercana a la verja, otra playa en una bahía que tenía casas de colores de estilo genovés y otra playa muy grande con muchas tablas de surf clavadas en la arena. Tuvimos que darnos la vuelta porque no había más acera, si no, hubiéramos dado la vuelta al Peñón. Un dia que no había cruceros que asfixian la ciudad con cientos de personas, subimos al Top Rock en el Cable Car para disfrutar de la reserva natural. Mientras escalábamos la montaña, las vistas del Atlántico y del Mediterráneo se iban desvelando y observar toda ese inmenso panorama te cortaba la respiración. Arriba en la cumbre del Top se veía la silueta alargada del Peñón, su pared este con caída en vertical y paisajes a 365º. Se conservan muchas baterías de cuando la guerra. Hay varios miradores, uno es de suelo de cristal, el Sky Way, colgado de la zona este, que da vértigo paseártelo. Por el lado oeste se ve el puerto y todo lo que ha crecido Gibraltar a base de ganar terreno al mar. Vimos las baterías O’Hara con túneles por dentro y salas de máquinas y talleres donde se hacían las bombas. Dentro de esta gran roca hay nada menos que 52 kilometros de túneles y montones de instalaciones interiores de la época de guerras que ahora se siguen aprovechando para otros fines. En el recorrido entramos en la bonita cueva de San Miguel muy bien preparada por dentro con juegos de luces y sonidos de la naturaleza. Se llama de San Miguel porque hay unas altisimas estalactitas que según como estén iluminadas ves claramente al Ángel con su cabeza y las alas desplegadas. Continuando con el recorrido llegamos hasta el puente colgante Windsor, de madera, que tiene de bueno que puedes pasearlo en paralelo por un sendero junto a la roca y desde allí sacas fotos a la gente que anda por el puente. De mientras, por los senderos de la costa oeste con vistas al puerto y a la bahía de Algeciras, te encuentras a los famosos macacos que preferí no mirar porque nos llevamos bastante mal. Al final de los curvosos senderos con mucha pendiente de bajada, llegamos a la columna de Hércules de lado europeo, que muestra el mapa del viejo mundo en una cara, el famoso non plus ultra y que, tras Carlos V, se convirtió en el plus ultra reflejándolo en el mapa del nuevo mundo por la otra. Este lugar era uno de los montes que indicaban el final del mundo conocido, por ello allí estaba este pilar de Hercules recordándonos el "non plus ultra" o lugar en el que los barcos no debían adentrarse. El otro pilar está en Africa, en el monte Abila. En este sitio junto a un espléndido mirador terminaba la reserva natural. Ese dia llegamos al hotel con los pies deshechos, pero los descansamos en la playa metidos en el agua para ir a cenarnos después unos pescaditos en el Salas. El último dia de nuestro viaje volvimos a pasar a Gibraltar para hacer unas compras y tomarnos la última pinta en el Aragon House cuyas especialidades como el Shepherd’s Pie, o el hígado encebollado, tendremos que probar cuando en breve volvamos, probablemente en invierno con el fin de pasar menos calor y poder moverte más a gusto.

Faros del sur

Faros del sur

Con lo aficionado que es Pedro a los faros de los litorales, en este viaje al este de Cadiz tuvo la oportunidad de ampliar su colección de fotos con muy buenas instantáneas ya que todo ese litoral ha tenido y tiene mucha actividad farera. Comenzamos por el faro de Torrecarbonera junto a la cuidada urbanización de la Alcaidesa, con iluminación y palmeras en sus carreteras, campo de golf que da a la playa y un señor escondido que vendía pelotas de golf al otro lado de la valla metálica del campo. Esa misma mañana fuimos a Torre Sabá o Torre Nueva y como había un buen aparcamiento justo encima de la playa, tras sacarnos las fotos junto al faro, bajamos los bártulos y los colocamos frente al mar para bañarnos. Ese día había olas y resaca, además de un gran escalón dentro del agua que pasabas de cubrirte la rodilla a llegarte el agua al cuello en pocos pasos. Menos mal que nos agarrábamos a los cabos con boyas que marcaban la pasarela de las barcas, y así nos pudimos bañar más seguros. El día que fuimos a Sotogrande, también había una torre a modo de faro en el espigón que se remataba en una escultura vasca estilo “peine de los vientos” donde se leía el nombre del autor y el precio de la obra de arte. Otro día llegamos hasta el Faro de Punta Carnero, al otro lado de la bahía de Algeciras justo enfrente del Peñón de Gibraltar, donde no había nadie. Otra mañana madrugamos para ir hasta el Faro de Trafalgar a hora y media de distancia del hotel. El faro está en lo alto y es de los de libro, con sus 34 m de altura y una linterna enorme. Pedro está en la foto en este faro. A su alrededor, los interminables kilómetros de playas son de arena blanca y fina. Vimos kit-surferos y jinetes a caballo paseando por la orilla. Se podría decir que esas playas se conservan algo así como en estado puro pues están llenas de dunas y vegetación. Además, no dejan aparcar junto a las playas. También notamos que en la zona hay un marcado ambiente de estilo bohemio. Había gente en la playa pero era incómodo estar allí porque el viento de Levante soplaba con fuerza y los granos de arena parecían flechas que se te clavaban en la piel, asi que bajamos hasta Barbate y como tuvimos la gran suerte de poder aparcar justo en la misma acera de la playa, sacamos los bártulos y nos colocamos en la orilla. La playa urbana es muy bonita, de arena fina y compactada, sin riesgo de hundirte. Por último, uno de los días que pasamos al Peñón con coche, fuimos hasta el Lighthouse, el interesante Faro de Gibraltar, enclavado en un lugar muy especial con unas vistas espectaculares de África, la costa este del Peñón y la bahía de Algeciras. La zona está muy bien preparada para visitarla, junto a la Universidad, y puedes pasearte por el sinuoso acantilado y entre las baterías que quedaron de cuando la guerra. En este parque hay una curiosa mezquita realmente preciosa, con un minarete altísimo, adornada con azulejos y dorados y una media luna inmensa coronándola.

Noche de San Juan en Santa Barbara

Noche de San Juan en Santa Barbara

Este año pasamos la noche de San Juan entre olas y arena. Pasadas las 11 de la noche salimos del hotel hacia la playa de Santa Barbara para ver quemar la hoguera que habían preparado muy cuidadosamente días atrás, metida en un cubo perfecto y coronada con mucha gracia por un sonriente marinero en su barca y un pulpo que nos guiñaba el ojo. El espectáculo empezaba a las 12 de la noche y como llegamos antes de comenzar a prenderse, nos sentamos en la arena a presenciar admirados la bonita tormenta eléctrica que cubría todo el horizonte con viento, truenos y relámpagos destelleantes y alguna que otra gota de lluvia que apenas llegaba al suelo. El ambiente en la playa era muy festivo y la gente se bañaba valiente y esperanzadora en la oscuridad de la noche cumpliendo con el rito de la renovación tras echar a la hoguera su papelito lleno de deseos. En la hoguera, el remate del gracioso marinero con su barca y un pulpo gigante fue lo primero que se quemó. Nosotros también llevábamos escrito lo que suele quemarse en este fuego: miedos, tristezas y malos recuerdos, y aprovechando que estábamos junto al mar también escribimos los deseos que nos gustaría se hicieran realidad para lanzarlos al agua con la esperanza de que nos los trajera el universo. Como había oleaje me mojé una zapatilla, así que me descalcé, que es lo que tenía que haber hecho desde un principio y me metí al agua que estaba todavía calentita del calor del día. Estuve saltando las olas de la orilla más de nueve veces, que es lo indicado. La gente se bañaba alegremente y eso que no hacía calor, es más, los bonitos relámpagos desembocaron en una lluvia suave y las gotas empezaron a calarnos mientras estábamos sentados en la arena viendo apagarse el fuego. Todos queríamos sacarnos fotos con la hoguera y el calor de las llamas nos quemaba desde lejos. Las llamas no dejaban de desprender mucho calor y tuvimos que alejarnos hasta la orilla. Tras dejar a más de mil kilómetros nuestros deseos y tirar papelitos al fuego, sobre las 00:15 del nuevo día de San Juan, emprendimos el viaje de vuelta. Cuando nos fuimos, la playa seguía abarrotada de gente, con música de discoteca, bailando, bebiendo y algo más... porque en algunos momentos nos llegaban olores de fumatas dulzonas. Durante el camino al hotel fuimos bendecidos por una lluvia densa y constante que afortunadamente y como no hacía frío, nos resultó muy agradable y bien recibida.

Playas de levante

Playas de levante

Hemos estado pasando unos dias este mes de junio en la zona mas meridional de la península, en la Linea, a pocos metros del Peñon de Gibraltar. Toda esa franja terrena del final del continente mirando a Levante, al Mediterraneo, tiene unas playas inmensamente largas y de diferentes tipos de arena, algunas finas y otras tan gruesas que quemaban los pies. En unas podías jugar a las palas porque el suelo estaba compacto y en otras te hundías y no podías pasearte por la orilla. Ha habido dias con olas y resaca, otros con el mar en calma pero todos ellos nos han proporcionado unos relajantes baños cada jornada que hemos estado allí. Los pececillos nadaban sin miedo junto a nuestros pies para que les levantáramos la arena y pudieran atrapar sus comiditas. Este lugar es muy tranquilo y puedes disfrutar de la playa sin gente alrededor. El largo paseo marítimo te llevaba andando hasta la Atunara donde estaba la iglesia de la Virgen del Carmen y su puerto pesquero. Luego ya en coche, podías llegar a la otra kilométrica playa de la Sobrevela, de allí hasta la playa de la Torre Nueva y un poco mas adelante a la de Sotogrande. Lo bueno de todos estos kilometros de recorrido playero, es que no vimos edificios, rascacielos ni aglomeraciones de complejos turísticos llenos de apartamentos....ni apenas turistas. Hay muy poca hostelería y la que hay es la de toda la vida, donde va la gente local con la seguridad de que lo que comes es de garantía y además te atienden de maravilla. No olvidaremos sus frituras de moya o brótola, la rosada macerada en limón, las almejitas, los chocos, las gambas fritas, los boquerones y el cazón en adobo. Qué refrescantes esos tanques de cerveza helada.... Aquel lugar es tan agradable y relajado y su gente tan simpática y acogedora que parece otro mundo, por eso nos gustó tanto. Lo tenemos apuntado para volver cualquier invierno de estos.

Con la prima Agustina

Con la prima Agustina

De camino a Cadiz, nos paramos en casa de mi prima Agustina para dejarle la crema Gerovital que le traje de Rumanía y de paso darnos un abrazo, que hacía mucho tiempo que no nos veíamos en persona aunque sí nos hayamos visto y charlado por las redes de vez en cuando. La mañana estaba soleada y fresca cuando llegamos. Allí estaba el primo Pedro esperándonos a la entrada de la cuidada urbanización donde viven con parque y piscina, para llevarnos hasta la bonita casa que tienen tan llena de luz, con su chimenea, un precioso piano de cola, el gato, los cultivos que cuida mi prima y un jardín lleno de flores. Nos obsequiaron con un apetitoso y abundante brunch y brindamos con el famoso cocktail Mimosa, con champán doble para mí, pues me bebí el de Pedro aprovechando que no tenía que conducir como él Guiño. El tiempo se nos pasó volando charlando y riendo. Sólo estuvimos una horita juntos porque teníamos 8 horas de viaje por delante y me marché con pena de no haber disfrutado más tiempo de la compañía de mi prima, asi que tenemos que volver con tiempo para pasearnos por la ciudad de Salamanca y divertirnos relajados de nuestra bonita amistad.

Apurando el final del viaje

Apurando el final del viaje

El último día de nuestro viaje estuvimos disfrutando de la capital de Rumanía, Bucarest. La pequeña París nos dejó muy gratamente impresionados por la belleza de sus edificios de finales del siglo XIX restaurados y sin restaurar con unas esculturas y decoraciones en las fachadas bonitas y elegantes recuerdo de un pasado glorioso donde la realeza, la nobleza y el progreso de su gente, no escatimaba en lujo y esplendor. El ambiente en las calles era muy alegre y la gente llenaba las terrazas de los bares y cervecerías, como la de Caru cu bere, o el vagón de la cerveza, de 1897 y en estilo neogótico llena de flores por dentro. Este lugar tiene su historia. En 1999, Caru’ cu Bere les fue devuelto a sus herederos e iniciaron una importante serie de reformas para devolverle a la propiedad el esplendor original. Este lugar tiene la categoría de monumento histórico y dentro ves un despliegue decorativo de lo mas bonito del art nouveau. Más adelante, mientras paseábamos tranquilamente admirando edificios, llegamos a esta cervecería de patios inmensos decorada al estilo rústico, era el El Hanul lui Manuc construida como posada en el año de 1808 por un khan. Era un punto donde las caravanas se paraban para tomar un descanso junto con sus animales y luego seguir su camino. El nombre hace referencia a su primer dueño, un empresario armenio que era muy rico y extravagante. Para mediados del siglo XX, el Hanul lui Manuc era el lugar comercial más importante de Bucarest, con mas de 100 habitaciones, tiendas y otros servicios. Aquí decidimos gastarnos los últimos leis que nos quedaban y el camarero, muy simpático, que sabía castellano porque había estado trabajando en Mallorca, nos aconsejó que comiéramos unas mezzi o albóndigas alargadas de cordero, muy ricas, con patatas fritas y algo de ensalada que con las inmensas cervezas nos dejaron muy satisfechos. A la salida nos encontramos con una pareja que confundimos con españoles y les dijimos que entraran a ver por dentro esta construcción y resultó ser una pareja de rumanos que ya estaban jubilados y habían trabajado en Barcelona, muy simpáticos y encantadores. Al seguir nuestro camino hacia el Ateneo romano, vimos montones de terrazas que ocupan las aceras del casco viejo, fachadas espectaculares llenas de esculturas y sobre todo mucha vida. Llegamos al Ateneo, un imponente edificio neoclásico sede de la Orquesta Filarmónica Rumana y uno de los lugares de concierto más populares de la ciudad que ha acogido a algunos de los músicos más famosos del mundo porque goza de una acústica excelente, No pudimos visitarlo por dentro porque estaban en plena representación, pero debe ser tan impresionante como la parte exterior, con una gran cúpula central bordeada de los nombres de los dramaturgos de la antigüedad, un pórtico de altas columnas y elegantes escalinatas. También nos impactó el Palacio Real, frente al monumental edificio de la Biblioteca de la Universidad Carol I, conocido durante la etapa comunista como Palacio de la República, con la estatua de este primer rey de Rumania, montado sobre su caballo. El fundador de la dinastía rumana y del moderno estado rumano, conquistó la independencia del Imperio Otomano en 1877 y el palacio sirvió de residencia de la familia real rumana hasta la toma del poder por los comunistas en 1947. La familia real actualmente reside en el Palacio Elisabeta. Desde 1950, el Palacio alberga el Museo Nacional de Arte de Rumania. Cerca había otro Monumento que parecía un pintxo con una aceituna, el Memorial del Renacimiento, que conmemora al pueblo rumano que perdió la vida durante la Revolución de 1989 al enfrentarse y derrocar al régimen comunista. El monumento está formado por unas estatuas de bronce y un pilar central de mármol de 25 metros de altura sobre el cual se coloca una corona de bronce. Entramos en el Monasterio Stavropoleos, un monasterio ortodoxo rumano situado en el centro de Bucarest. El monasterio fue fundado a principios del siglo XVIII por monjes del Monte Athos, en Grecia. Es muy atractivo debido a su hermosa arquitectura y pinturas. Después recorrimos la Calea Victoriei, el bulevar histórico más antiguo y representativo de Bucarest que tiene un pasaje, el pasaje Victoria o la calle de los paraguas, repleta de paraguas de colores. Otro interesante pasaje es el pasaje Macca construido en el año 1891 que forma la unión de dos calles bajo una cubierta de hierro, con forma de herradura y vidrio, y ahora es un sofisticado pasaje comercial con mobiliario del siglo pasado y arquitectura francesa. El bar Van Gogh con los cuadros del autor. La impresionante librería Carrusel, donde estoy en la foto. Se trata de un edificio donde a lo largo y ancho de sus 6 plantas se extienden estanterías, escaleras, barandillas de hierro e infinidad de libros de diferente temática que se entrelazan entre sí para formar una atractiva composición en un espacio lleno de luz. También hay una cafetería que visitaremos en otro momento. En la ápoca pre-comunista fue el Banco Chrissoveloni y durante la era comunista fue nacionalizado, convirtiéndose en unos grandes y deprimidos almacenes comunistas que terminaron abandonados hasta que en 2015, después de cinco años de restauración, el local se convirtió en esta magnífica librería. Allí compramos un recuerdo especial, una pareja sentada pensante de la época del neolítico que representa a nuestra civilización. Tiene la peculiaridad de que es de esas figuras que se han llevado al espacio por si alguien nos encontrara. Mientras recorríamos la ciudad encontramos más iglesias, catedrales, parques y montones de museos que en algún otro viaje visitaremos, así como sus famosas termas, a 14 km de la ciudad.

Una maravilla de paseo, nos ha gustado mucho Bucarest. Una ciudad realmente muy interesante.

Descubriendo bellezas de Rumania

Descubriendo bellezas de Rumania

Antes de pasar al último dia de nuestra estancia en Rumania visitamos la ciudad de Siguisoara, Patrimonio de la Unesco, que tiene un casco viejo muy medieval de los más bonitos que hemos visto. En la foto estamos junto a la Torre del reloj, con su autómata, aunque no lo vimos funcionar y al lado se ve la casa, pintada de amarillo, donde nació Vlad el Empalador, adornada con su particular temática draculesca. Disfruté mucho paseando por sus adoquinadas calles de desiguales aceras, edificios que te trasladaban al pasado, fachadas con flores, una calle con paraguas colgados, bares que parecían sacados del medievo, su casco viejo adoquinado y torres de madera con tejados picudos más altos que el resto de la edificación. El hotel fue espectacular. Estaba decorado en esa madera tan típica de allí, con las paredes llenas de cuadros y frescos de su folclore. La habitación era una suite con hall de entrada, salon con televisión y chimenea de colorida cerámica. La habitación principal era enorme, con un baño igual de grande. Al llegar tuvimos la suerte de vivir el momento en el que el recién elegido nuevo Papa, Leon XVI salía a la terraza de la basílica de San Pedro ese miercoles 7 de mayo, para darse a conocer e impartir su primera bendición urbi et orbi. Al dia siguiente, lloviendo y con mucho frío, llegamos al Lago Rojo, que debe su nombre a la arcilla que se desprendió del monte cuando se creó. Este lago natural, que en algunas zonas alcanza los 10 metros de profundidad, se asienta en una zona de bosque de pinos inundada que se creó a mediados del siglo XIX debido al desprendimiento de una ladera de monte a causa de las fuertes lluvias y de los terremotos. Es un lugar muy agradable para pasar el dia rodeado de bosques de altisimos árboles de un verde muy oscuro. Además tiene un romántico embarcadero con sus barcas para pasearte por sus tranquilas aguas. Mas tarde en ruta y bajando un puerto lleno de curvas y mucha pendiente en pleno paraje Cárpato, paramos en las gargantas de Bicaz, unos cañones muy estrechos ubicados entre unas impresionantes y altísimas paredes de piedra que encauzan un río salvaje que baja con mucha fuerza de las montañas. El paisaje nos resultó espectacular porque nunca habíamos visto unas paredes tan asombrosamente altas, grises, desafiantes, afiladas, lisas, rectas y tan cercanas que casi se tocaban entre sí. Llegaban a medir 500 metros de alto sobre el asfalto. Sacamos muchas fotos bajo una persistente lluvia helada. Luego llegamos a Piatra Neamt (la perla de Moldova) con su casco viejo, la torre del reloj de Esteban el Grande junto a la iglesia de San Juan Bautista, sus monumentos medievales y un teleférico que subía al monte Cozla desde donde se veían de los Carpatos orientales. Las cervezas craft nos supieron buenísimas.

Monasterios de Bucovina, un punto y aparte

Monasterios de Bucovina, un punto y aparte

Otro dia de la estancia en Rumania, fuimos a visitar 2 de los numerosos monasterios medievales que hay en Bucovina, muy cerca de la frontera con Ucrania. Cuando al fin llegamos al primero de ellos por curvosas carreteras interminables, no nos podíanos imaginar la sorpresa que nos íbamos a llevar nada más entrar al recinto del Monasterio ortodoxo medieval de Moldovita. La iglesia ortodoxa del monasterio, de arquitectura bizantina, tenía las paredes exteriores repletas de minuciosas pinturas bellísimas donde se retrataban santos, profetas, escenas de la vida de Jesus, de la Virgen y montones de escenas de la Biblia y los Evangelios. Aquellas pinturas formaban una completa catequesis en forma de viñetas individuales, bordeadas y sombreadas por esos colores azulados y amarillos tan especiales y únicos de esa zona. Su importancia y originalidad las han otorgado el privilegio de formar parte del patrimonio de la humanidad. La primera visión nos dejó maravillados y resultó hipnotizante escuchar observando cada cuadradito de pared la descripción concreta de cada una de las escena sobre todo de los Evangelios y también de otros temas relacionados con la religión como el del "Asedio de Constantinopla" que conmemora la intervención de la Virgen para salvar la ciudad del ataque persa en el año 626, aunque el asedio representado pudiera ser la caida de Constantinopla de 1453). Cada escena está detallada con gran expresividad y es un relato completo con su propio principio, desarrollo y final de un pasaje, milagro o hecho evangélico. Te pasarías años estudiando cada centímetro de esas paredes porque los detalles de las imágenes representadas están vivos y bien definidos, con movimientos, con esas expresiones medievales en las caras que parece que te están mirando. En el interior, tan recogido y tan íntimo en su espacio, el pantocrátor de la linterna y las variadas imágenes pintadas en paredes y techos eran igualmente bellas y admirables. Nos lo explicó una monja con su puntero láser, vestida con su hábito claramente ortodoxo, y luego al final de la explicación vino la madre superiora a saludarnos y aprovechó para darnos un sermón maravilloso basado en el amor de Dios, en la libertad que nos ha dado para utilizarla lo mejor posible, en la necesidad de extenderlo a toda la sociedad y de vivir bajo su principal mandamiento, el del amor. Eran tan emocionantes sus palabras y tan cargadas de pasión que las escuchamos concentrados conteniendo la respiración para no perdernos nada. Al final, conmovidos porque lo que nos había dicho nos había llegado de pleno al corazón, se hizo tal silencio que parecíamos en trance y a todo el grupo se nos escaparon un puñado de lágrimas. Llenos de la paz que nos transmitió esta mujer tan espiritual, nos fuimos despidiendo de ella y cuando me tocó a mi, me abrazó muy fuerte y me dio 3 sentidos besos. En el jardín nos sacamos fotos con ella. Esta visita será inolvidable para siempre. El sentimiento de felicidad que nos transmitió no se nos olvidará jamás. De allí me llevé un pequeño icono de recuerdo.

Después de comer fuimos a ver el monasterio de Voronet, también del siglo XVI, que aunque tiene menos pinturas en las paredes al estar peor conservado, le llaman la Capilla Sixtina Oriental por su magnífico fresco de El Juicio Final, que cubre por entero la pared oeste y segun dicen los expertos, es la mejor composición pictórica de todos los monasterios que hay por esa zona. Su iglesia por dentro era muy parecida a la de Moldovita. Alrededor del monasterio disfrutamos con los vendedores de la zona de tiendas haciendo prácticas con nosotros para mejorar su castellano.

En el castillo de Bran

En el castillo de Bran

Otro dia de nuestro recorrido por Rumanía, bajando por un puerto lleno de curvas y árboles altísimos con los Cárpatos de fondo, llegamos al Castillo de Drácula o castillo de Bran. El castillo está en lo alto de una colina 🏰 como se ve en la foto, rodeado por un recinto de parques con su romántico lago y nos impresionó porque está asentado muy altivo en la misma roca de la montaña y así ves una pared en roca y las otras diferentes, alguna con inscripciones góticas, tejaditos de muchos tamaños, formas y alturas, ventanas mas bien pequeñas, diferentes entre sí y la verdad es que esta falta de armonía y el alzado apuntado le da un aire casi siniestro. Data del siglo XIV y es de estilo sajón. Fue, entre otros moradores, residencia de Vlad Tepes, el empalador, nacido en Siguisoara en 1428, personaje histórico de la orden de Dracul que significa dragón, a la que pertenecia su padre, de ahí le viene el nombre de Dracula, hijo de Dracul. Bram Stocker se inspiró en la creencia popular de la existencia de un hombre vampiro que correspondería a Vlad, para escribir su famosa novela Dracula. Sin embargo sólo tiene asociaciones tangenciales con Vlad Tepes en el sentido de que fue un gobernador muy vengativo que acababa sus batallas empalando a sus enemigos de batalla, sobre todo a los saboyardos que fueron los que mataron a su padre, tortura que aprendió de los otomanos quienes le criaron y formaron militarmente. Se cuentan muchas leyendas, como la de que paseaba disfrazado por el castillo para escuchar lo que decían los sirvientes y si alguna sirvienta le gustaba se la llevaba a sus aposentos amaneciendo muerta y sin gota de sangre. Otra leyenda cuenta que unos embajadores no quisieron destaparse ante él y en venganza les fijó el turbante en la cabeza con clavos de plata enviandoles así de regreso a su país. En la actualidad, el castillo de Bran es un monumento nacional y un punto de referencia en el turismo hacia Transilvania, debido a su antigüedad, su valor arquitectónico y, sobre todo, por su pretendido vínculo con el personaje ficticio del conde Drácula. Fue residencia veraniega de la famosa reina Maria y sus hijas, muy queridas por el pueblo, durante las décadas de 1920 y 1930. Al entrar dentro del castillo la sensación cambia a mejor y ves las coquetas estancias rústicas con chimeneas-estufas de porcelana de colores, un patio con sus pasarelas a diferentes alturas, más pasadizos, muchas fotos, vitrinas, historias, una auténtica escalera secreta. Ello fue debido a que en la década de 1920, el arquitecto de cabecera de la familia real, realizó profundas reformas en el edificio, pero el castillo no perdió ni un ápice de su aspecto de fortaleza medieval. Se crearon nuevas escaleras para facilitar la comunicación, se instaló electricidad y agua corriente (fría y caliente), tres centralitas telefónicas, incluso se añadió un ascensor para facilitar el acceso al jardín. Los interiores del castillo, que nunca habían sido especialmente tétricos, se llenaron de muebles y objetos históricos, buscando crear un ambiente cómodo y rústico; algunas estancias se redecoraron en estilo "alemán", "tirolés" o "dórico" (renacimiento italiano). Junto al coqueto patio, hay una estancia a la que entras a oscuras y ves unos fantasmas reflejados en la pared, un nosferatu y un poco de ambiente draculesco. También hemos visto un documental histórico de los últimos reyes de Rumania en parada militar y festejos varios con las señoras vestidas del largo de aquella época. Tras sacarnos muchas fotos en sus jardines, fuimos a visitar el Castillo de Peles, en Sinaia (la perla de los Cárpatos), antigua residencia real de verano,  donde el lujo está presente para impresionar extraordinariamente. Fue el primer castillo de Europa en tener electricidad, ascensor, bocas para la aspiradora y calefacción por aire caliente. Tiene cientos de estancias y alrededor de 30 baños lujosamente decorados que incluso puedes ver equipados y con su bañera. Salas de música, sala de teatro, un salón inspirado en la Alhambra…incontables riquezas y atractivos. La protagonista es la madera de nogal tallada en techo paredes y suelos, las lámparas venecianas, las vidrieras, las esculturas, pinturas, colecciones de armaduras, los espejos inmensos, uno de ellos de 30 m de altura, la biblioteca con puerta secreta a la habitación del rey. El castillo es de propiedad privada de los herederos de la familia real rumana y el estado se encarga de mantenerlo. Lo mandó construir Carlos I en 1883 y vivió allí hasta su muerte en 1914. La familia real continuó allí hasta su abdicación en 1947 cuando fue expropiado por el régimen comunista. En 2007 se devolvió a la familia real rumana, en concreto a Margarita de Rumania, que ahora reside en el palacio Elisabeta de Bucarest.

Recorriendo Rumania

Recorriendo Rumania

Comenzamos nuestro viaje por Rumania con una breve visita a la capital. Por carreteras llenas de curvas entre puertos de montaña con los Cárpatos como paisaje de fondo, nos metimos en el corazón de Transilvania para comenzar nuestra aventura. Llegamos a Brasov, una ciudad de casas medievales de colores. La inmensa plaza Sfatului estaba llena de elegantes edificios barrocos presididos por el Ayuntamiento de Brasov, del cual destaca su altísima torre. Allí nos tomamos una apetitosa limonada, tal como tomaba el resto de la gente y compré unas cremas de la famosa doctora Aslan. Desde ahí se veía el Monte Tampa, con las letras en blanco de Brasov, al estilo Hollywood. Cerca visitamos la famosa y gótica Iglesia Negra, del siglo XIV, en cuya torre lucía la mayor campana de Rumanía con 6 toneladas de peso. El motivo del nombre de Iglesia negra se debe al incendio que arrasó el casco histórico de Brasov y por eso sus paredes estuvieron manchadas por el negro humo tapando los frescos. Esta iglesia protestante alemana tiene un pequeño retablo con la pintura de Cristo en el huerto de los olivos. Alrededor, en los laterales, conjuntos de bancos de coro donde se sentaban los soldados para proteger a las mujeres y niños, los cuales se sentaban en los bancos centrales. Además en los muros tiene colgadas variadas y valiosas alfombras turcas que provenían de regalos de visitantes extranjeros. Los bancos de la iglesia pueden orientarse hacia el órgano barroco moviendo el respaldo, debido a que en esta iglesia se escuchan muchos conciertos. Cerca hay una calle peatonal llena de tiendas y también vimos la Strada Sforiiel o callejón de las cuerdas, la tercera calle más estrecha del mundo y la primera de Europa del Este. Este pasaje de 80 metros de longitud tiene una anchura de 111 cms en su punto de mayor estrechez. En la foto estamos en la bonita Puerta de Santa Catalina, un acceso a la ciudadela antigua con una arquitectura de época medieval como en los cuentos con su tejado de 5 puntas. Se llama así porque al lado estaba el monasterio de Santa Catalina. En aquella época Brasov se encontraba bajo dominio de los sajones y a los rumanos únicamente se les permitía el acceso a la ciudadela fortificada a través de esta Puerta de Santa Catalina, en momentos determinados y mediante pago previo de una tasa de entrada.

El hotel estaba cerca de una estación de esquí rodeado de bosques en un paisaje de montes brumosos donde los osos se comen de media 3 personas al año. Al dia siguiente tuvimos la suerte de cenar cerca del hotel en un restaurante de picudos techos de madera decorado con enormes pieles de oso, cerámicas locales. El personal fue muy amable y cenamos a gusto una de las carnes más ricas que hemos comido nunca acompañada por una cerveza excepcional mientras unos músicos vestidos con los trajes típicos de allí tocaban y cantaban canciones de su folclore.

Más costa asturiana para despedirnos

Más costa asturiana para despedirnos

Las excursiones por Asturias terminaron visitando algunos lugares que no conocíamos. Por ejemplo Luanco, un lugar ligado a la pesca de ballenas y a una importante actividad conservera, que nos sorprendió gratamente porque vimos mucho ambiente de voleybol en su playa, tenía paseo marítimo, palacios, bares de puerto y una interesante iglesia, la de santa Maria de Luanco, con un Cristo milagroso que en siglo XVIII evitó que unos marineros naufragaran frente a la costa. La historia cuenta que una galerna sorprendió a 200 marineros en sus barcas en plena faena. Viendo que no podían llegar a puerto, los vecinos llevaron en procesión al Cristo hasta el faro y de repente la tormenta amainó y se salvaron todos ellos llegando sanos y salvos a puerto. Aquí estoy delante de la iglesia. Enfrente hay una isla donde llevan en barco a la Virgen del Carmen el dia de su fiesta asegurando que protege a los pescadores desde este enclave. En el puerto había unos paneles informativos con la historia del lugar y resultan muy interesantes: los marineros, sus mujeres y los niños, son homenajeados en esas ilustraciones para que nunca se olvide la dura vida que tuvo la gente en aquella época. Tras Luanco nos dirigimos al pequeño faro de Candás, escondido entre la maleza de su punta rocosa, prestando su servicio igual que el faro más importante de la costa. Poco más adelante llegamos al faro del cabo de Torres, en la zona arqueológica de Gijón, comido por el superpuerto que ha llegado hasta su mismo enclave. Este faro es un didáctico museo abierto donde se detallan la historia de la zona desde la época greco-romana hasta nuestros dias y los faros de la costa, sus formas de funcionamiento ... además de la explicación de la construcción moderna ganada al mar en la bahía de Gijon.

Cuando nuestra visita a Asturias llegó a su fin, en el camino, cercano a Ribadesella, encontramos un restaurante extrañísimo ubicado en un alto transformado en un elegante campo de golf montañoso, la Rasa, cuyos simpáticos camareros y un chef con acento italiano nos acogieron con calidez y nos dejaron sentarnos donde quisimos en una cabaña de madera decorada con gusto. Allí comimos estupendamente mirando a los golfistas intentando embocar con los menos golpes posibles sus bolas en los hoyos. De vuelta, con el puerto de Estacas con niebla, llegamos a Espinosa de los Monteros para tomar un café con unas italianas, estas galletas de toda la vida, tan ricas y mantecosas.

Mi cumpleaños asturiano

Mi cumpleaños asturiano

Qué bien me ha sentado cumplir años esta vez...hace poco he dejado atrás un montón de años de preocupaciones y ahora sólo deseo disfrutar de la vida, aprender de las situaciones que se me presenten, vivir cosas bonitas para recordarlas siempre, gozar de momentos felices con mi querido marido y por supuesto, tener salud y energía para hacer todo lo que deseo. Me pregunto si es mucho pedir, pero en realidad lo que quiero es dejarme fluir con la vida aceptando lo que se me presente lo mejor que sea posible. Bueno, pues tras recibir los bonitos regalos de la persona a la que más quiero en este mundo, nos pusimos en ruta para cumplir lo planificado antes de ir al restaurante a celebrar mi cumpleaños. Entre llamadas y mensajes de felicitación, visitamos el faro de Avilés o faro de Navia entre nieblas. Después nos dirigimos al cercano Faro del Cabo Peñas, que ya conocíamos y estaba muy visitado, con sus antiguas bocinas alineadas en una torre y las islas rocosas sumergiéndose en el mar. Con tanta llamada, me entretuve charlando y no nos dio tiempo ir a Luanco, que lo dejamos para el dia siguiente, asi que nos dirigimos al lugar de la comida, que ya lo habiamos visitado un par de dias antes degustando su menú de chigre que incluía un centollito, ensalada de pulpo, langostinos y queso cabrales con bien de sidra. Nos gustó La Chalana, junto a la ría de Avilés, sus amables camareros y el ambiente de gente que estaba allí, como de nuestra edad, nos animó a repetir, así que íbamos con confianza para degustar el menú de las jornadas del bogavante del Cantábrico y la verdad es que no nos decepcionó. Los platos iban saliendo, abundantes y sabrosos: las zamburiñas, langostinos y bogavante a la plancha fueron un delicioso aperitivo, luego vino la lubina, la brocheta de solomillo y el queso de Cabrales y aunque sentías que no ibas a poder con todo, el albariño ayudó a que termináramos la comida con dos postres incluidos. Fue un festín muy bien servido, en un comedor agradable decorado con gusto al estilo marinero, con luz suave, espacio entre las mesas y unos profesionales camareros, maitre incluido, que nos trataron con mimo y dedicación. Fue una muy buena celebración y la recordaremos siempre. Por la tarde y con lluvia nos acercamos al Museo de las Anclas de Cousteau en un escenario muy adecuado junto a un mar bravío que explotaba contra la orilla. Luego bajamos la ría para visitar el moderno e impactante curvilíneo complejo del brasileño Neinmeyer, un espacio en blanco que contiene una interesante torre con sus redondeadas escaleras exteriores y unos pabellones de diseño futurista que afrecen actividades culturales y espectáculos todo el año. Después paseamos por el casco histórico de Avilés con sus iglesias de un románico tardío, una inmensa plaza para el Ayuntamiento, calles con soportales donde se resguarda la hostelería y casas señoriales y palacios muy barrocos demostrativos de la riqueza de otros tiempos. El inabarcable parque Ferrera, antiguo jardín de un palacio, queda en el medio del recinto comunicando zonas de la ciudad por sus numerosas puertas. 

Mi dia de cumpleaños llegaba a su fin. Lleno de sorpresas bonitas y muchos deseos de felicidad de la gente que me quiere de verdad, fui muy feliz.

Faros asturianos

Faros asturianos

Estos dias que hemos estado en Asturias, alojados en Avilés, nos ha dado tiempo para recorrer parte de la costa de acantilados de vértigo que tienen estas tierras. Subimos hacia el norte, a Luarca con el fin de encontrar una pastelería de cuento perdida entre caseríos que me sugirió mi prima, pero sólo abren los fines de semana, así que me evité degustar el espectáculo de dulces que me prometía y también echar unas cuantas dulces calorías a mi cuerpo. Como quedaba de paso, subimos hacia el faro del cabo Busto que ya lo conocíamos. Hay un paseo muy bonito con varios miradores que rodean los acantilados, donde cortinas de enredaderas floridas caen como cascadas de colores hacia el mar. El paisaje recortado y ondulado es infinito y también puedes ver faenar a algunos barcos de cabotaje. Con intención de ver más faros, nos pusimos en camino hacia el faro de San Agustín, el nuevo, de libro, rayado en horizontal y el viejo con su campana de otros tiempos. Al lado estaba el coqueto parque de Navia con la ermita marinera del Carmen y un memorial que rendía homenaje a los marineros que nunca volvieron a su hogar. En ruta, coincidimos con un restaurante poligonero, el Rio Tinto, donde comimos como si fueramos después a cavar zanjas. El pote asturiano estaba lleno de olorosos embutidos del país, los potentes filetes rusos y el pastel de beicon no nos dejaron sitio para saborear el postre tipico, un arroz con leche que se desbordaba del plato. Después llegamos a Tapia de Casariego y nos encantó. Contemplamos a los surfistas bajo un reloj de sol perfectamente alineado. Seguimos el cuidado sendero hasta llegar a una playita con un monumento al surf. De allí serpenteamos la costa hasta llegar al puerto pasando por una piscina que antes fue una cetárea donde balleneros vascos faenaron con los asturianos. Del puerto pasamos a la isla del faro por un paso con pared protectora de olas, que algo ya nos salpicaron y allí estaba en un alto faro de la isla de Tapia que pudimos fotografiarlo desde el espigón adentrado en el mar protegiendo su pequeño puerto. Luego llegamos a Navia y anduvimos por su playa cerca de los olorosos eucaliptos y también por la pasarela de madera con forma de barco en su espigón. Con pena por haber estado más tiempo en Navia contemplando las olas y su ciudad, nos dirigimos a Luarca pueblo, cuyo casco viejo se extiende a lo largo del pueblo dividido por su ría. Allí vimos la casa donde nació Severo Ochoa y nos paseamos por al gran puerto en forma de bahía lleno de pequeños bares soleados. Cansados de un día tan aprovechado, volvimos a Avilés y cenamos una buena ración de queso de Cabrales que nos supo a Asturias y cuando llegamos al hotel nos tomamos una copita de champán fresquito.

Al dia siguiente, mi cumpleaños, teníamos muchas cosas por ver y hacer.

Doncel de Cantabria

Doncel de Cantabria

En nuestro viaje a Asturias de este año para celebrar mi cumpleaños, disfrutamos del trayecto como es habitual, descubriendo sitios no conocidos y recordando los conocidos. Cruzamos el valle de Losa, bajamos Estacas de Trueba, dejamos de lado Vega de Pas y nos dirigimos a San Vicente de la Barquera para comer algo. Encontramos un sitio muy majo, la Brasa, donde comimos en una terracita del casco viejo y luego nos dimos una vuelta por lo alto de la ciudad entrando a la iglesia de Santa Maria de los Angeles, un templo gótico magnífico, con el suelo original de madera albergando dentro enterramientos, una ventana con asiento a la altura de un primer piso pues albergó en su tiempo una biblioteca, bóvedas de crucería, esbeltas columnas entrelazadas y arcos apuntados. Con el tiempo se llenó de capillas laterales y en una de ellas descansa junto a sus padres en un sepulcro renacentista, esta bella estatua acodada en marmol de Genova, con una expresión serena y ojos entreabiertos leyendo un libro, tan parecida a la estatua del doncel de Sigüenza leyendo tranquilamente recostado, pero en realidad no era otro doncel hijo de hidalgos, sino el inquisidor Corro, noble y religioso, del siglo XVI, humanista, de talante abierto y tolerante, que dejó dispuesto en su testamento la voluntad de edificar un hospital para pobres asi como su enterramiento y el de su familia. Me acuerdo que hicimos una excursión hace mucho tiempo y me veía en aquella época con mi amiga Elo repasando ambas los rasgos tan esbeltos del religioso tallado en mármol con marcado estilo italiano y el perrito a los pies, símbolo de fidelidad. 

Entre lo romántico y lo tecnológico

Entre lo romántico y lo tecnológico

Hemos estado viendo la exposición inmersiva con realidad virtual de la obra de Gustav Klimt, un artista multidisciplinar: pintor, diseñador, decorador... que saliéndose de los límites académicos del momento, encabezó un nuevo movimiento inspirándose en el modernismo del Art Nouveau. En aquel momento sus cuadros destacaron porque eran diferentes, las temáticas rebosaban originalidad, su obra se llenaba de simbolismo y su forma de pintar le dio tal fama que fue de los pocos artistas acomodados de aquella época. Sus pinturas se llenaban de oro, de mosaicos de metal, de recurrencia obsesivamente dulce a la sensualidad. Vivió en Viena en la época de Sissi Emperatriz, en plena plena revolución industrial, cuando los avances tecnológicos mejoraron la vida de las clases burguesas del imperio y la diversidad cultural del imperio austro-húngaro era floreciente apareciendo mecenas de las artes que contrataban la obra de Klimt, decoraban sus edificios con sus pinturas y los llenaban de retratos y obras preciosas. Dentro de la gran producción artística de este famoso pintor, quizás el cuadro más conocido sea el de "El Beso" de Gustav Klimt, el de la foto, que representa a dos amantes posando para la eternidad, entrelazando sus cuerpos rodeados de un romántico fondo místico dorado. En este lienzo se aprecian laminillas de oro y estaño y mide 180x180 centímetros. Este cuadro manifiesta visualmente el espíritu de "fin-de-siècle" porque captura una decadencia transmitida por unas opulentas y sensuales imágenes que reflejan un mundo despreocupado dedicado a gozar de los sentidos. Fue pintado allá por 1908 y se encuentra en la Galerie Belvedere de Viena.  En otras ocasiones, sus femmes fatales destacan una época de su obra donde el uso del oro hace recordar a las pinturas medievales, los manuscritos iluminados y los mosaicos bizantinos. Disfrutamos de esta colorida, romántica y dorada exposición inmersiva acompañados de la música de Wagner dentro la realidad virtual que nos ofrece el siglo XXI y que nos permite transportarnos a los tiempos en los que se desarrolló la genial obra de Klimt.


Nuestras bodas de madera

Nuestras bodas de madera

Asi se llama al quinto aniversario de boda: las bodas de madera. La madera simboliza la solidez y la durabilidad, representando la relación que se fortalece con el tiempo, al igual que un árbol que crece y se arraiga con firmeza. Nosotros lo llevamos tal cual de bien y lo celebramos deseando que sea para siempre. Este aniversario fue especial, como los demás, y no lo olvidaremos porque lo festejamos con una comida coreana y luego subiendo a la famosa torre N de Seúl tan romántica, donde las parejas dejan atado un candado en prueba de un amor perdurable y eterno. Durante hora y media por empinados senderos entre pinos, llegamos a la imponente torre Namsan, que también se la conoce como: la torre de Seúl o la Torre N, donde la letra “n” significa “novedad, Namsan y naturaleza”. Desde allí, con la ciudad de Seúl desplegada por completo a nuestros pies, en una panorámica de 360º, presenciamos una romántica puesta de sol y nos sacaron esta bonita foto en el marco de los enamorados como recuerdo de nuestro quinto aniversario de boda. Esta torre, de 236.7 metros de altura, se llama así porque se encuentra en la cima del monte Namsan, de 243 metros de altura. Antes fue un centro de comunicaciones y ahora se destina al ocio. Desde allí se aprecian los bonitos puentes sobre el rio Han que rodea la ciudad, un rio tan representativo como la misma torre Namsan y que fue usado como ruta comercial hacia China vía el mar Amarillo. También se aprecian los largos 27 puentes que lo cruzan y rodean la ciudad. Esta última tarde del último día que pasamos en este maravilloso país, fue el broche final de nuestro viaje a Korea del Sur.

A diez mil kilómetros de distancia

A diez mil kilómetros de distancia

Este mes de marzo nos traía un viaje de los de fuertes vivencias y aprendizajes: hemos estado nada menos que en la lejana, enigmática y tecnológica Korea del Sur. Las interminables horas de avión, el jet lag de entrada al país y luego de vuelta a casa han sido duros. La comida allí es muy extraña y la comunicación directa con la gente imposible, incluso con el traductor directo de coreano a español. La tarjeta Sim que traíamos de casa no funcionaba, pero pudimos comprar otra en el aeropuerto. La GPS de Google tampoco funcionaba pero pudimos sustituirla por otra aplicación parecida y menos mal porque moverte por allí es muy difícil, hay cuestas y zonas modernas con avenidas que se interrumpen por zonas antiguas de serpenteantes callejuelas. En este pais tan moderno todo se paga con tarjeta. Los letreros están en caracteres koreanos y no te enteras de lo que se anuncia, así que con el traductor en la mano todo el rato. Los madrugones del recorrido, los horarios, convivir con un grupo, tener poco tiempo libre para visitarlo por tu cuenta, ha sido molesto, pero todo lo que hemos vivido estos días será inolvidable. El país nos ha encantado, está en una península con una costa preciosa adornada de islas e islotes; templos entre la nieve y templos colgados de acantilados, Budas en ambientes que invitan a la relajación, mercados de todo tipo de cosas y de tamaño infinitos, carritos limpísimos de comidas callejeras, impecables puestos de pescados y mariscos desconocidos; poblados de tejados de prieta paja atada, teleféricos kilométricos de paisajes cautivadores; museos tradicionales y museos modernos asombrosos; el Memorial de la Guerra te deja sin palabras; hoteles impactantes con su wc motorizado y calentito que echamos en falta ahora; tambiéndo dormimos al estilo tradicional encima de un futón; tumbas en túmulos redondos por ambos lados de la carretera; restaurantes con su infiernillo de brasas con aspiración incluida; chicas guapísimas y gente muy bien vestida; rascacielos de paredes de cristal y pantallas gigantes; sus divertimentos en los locales de fotomatón; coches nuevos de diseños no vistos en nuestro mundo…y más cosas que nos hemos quedado sin poder ver por falta de tiempo. Volveríamos a visitarlo sin dudar, sobre todo para pasar unos días en la capital y seguir asombrándonos con su imparable tecnología conjugada con el respeto a sus tradiciones. Aquello es el futuro. Este país está entre las 10 mejores economías del mundo y sólo tienen un 3% de paro. No nos necesitan, excepto para que compremos sus productos que son de una gran calidad. Por supuesto que me traje un buen lote de sus cremas de belleza, así como un estiloso juego de cuchillos y unas pelotas de ping-pong.

En el recorrido por la geografía de este asombroso país contemplamos: el Palacio de Gyeongbokgung con su cambio de guardia y la gente vestida al estilo tradicional, el Museo Folclórico Nacional, el monte Seorak, donde visitamos el templo de Shinheungsa entre la nieve; los templos marinos de Naksansa colgados de los acantilados; Andong Hahoe Folk Village, uno de los pueblos tradicionales más famosos del país y que es patrimonio de la humanidad, famoso también por sus máscaras Hahoe; visitamos Gyeongju y su templo de Bulguksa, templo principal de la orden Jogye del budismo coreano que alberga varios tesoros nacionales, como las pagodas de piedra Dabotap y Seokgatap. Subimos a la Gruta de Seokguram, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, desde donde pudimos disfrutar de las vistas del Mar de Japón. Construida entre los años 742 y 765, esta antigua ermita alberga algunas de las esculturas budistas más increíbles del mundo. Está metida en una gruta y los japoneses la dañaron cuando se la quisieron llevar, es la Gruta de Seokguram, junto a ella hay un paisaje de montañas; el complejo de tumbas de Daereungwon, donde se encuentra la misteriosa tumba de Cheonmachong, lugar de enterramiento de un rey desconocido y excavado por primera vez en 1973. Puedes entrar dentro y ver un museo con las joyas encontradas y otros útiles y piedras preciosas; el Observatorio astronómico más antiguo de Asia, en forma de torre de estilo jarra redondeada de unos 8 m de alto y abierto, con un cuadrado en el centro para mirar las estrellas; el emblemático puente colgante de Busan, que se extiende a lo largo de 7,4 km y rodea Busan hasta U-dong; visitamos Gamcheon Culture Village, un pueblo costero recuperado y reconstruido en la ladera de una montaña muy bohemio; el mercado de Gukje y al mercado de pescado de Jagalchi; Tongyeong, histórica ciudad portuaria conocida por su importante patrimonio marítimo y subimos en teleférico al monte Mireuksan; Donpirang Mural Village, un pueblito en cuesta, para admirar su arte callejero y sus murales pintados; Yeosu y la bahía de Suncheon con sus humedales; la aldea tradicional de Naganeupseong; Damyang y el frondoso Jardín de Bambú Juknokwon; Jeonju y su exótico alojamiento típico coreano donde dormimos en un futón. En Seúl anduvimos por las calles del distrito de Myeongdong; bajamos hasta el inmenso Memorial de la Guerra y subimos a la torre N. El callejeo urbano de más de 10 km y la ultima botellita de champán nos dejaron muy relajados para afrontar la vuelta a casa de más de 12 horas de avión y 4 horas más a destino. Como todo transcurrió felizmente, volvimos a casa muy contentos recordando lo vivido que será inolvidable.

Celebrando el cumpleaños de Pedro

Celebrando el cumpleaños de Pedro

Aunque le llegó el cambio de año en un hotel de Tordesillas, tras desayunar allí nos pusimos en camino de vuelta parando en Haro, donde fuimos a misa a la Virgen de la Vega y después a celebrarlo por todo lo alto al famoso Terete, aprovechando las jornadas del cordero chamarito. Sobra decir que la comida fue deliciosa, pero no me canso de decir que la compañía fue mucho más. Brindando con un sorbete de champán para que mi amorcito tenga un año fantástico, lleno de salud, prosperidad y cosas bonitas, acabamos nuestro periplo por tierras castellanas y llegamos a casa a tumbarnos en el sofá para descansar de tan satisfactoria comida y seguir celebrando el cumpleaños.