Ermitas en septiembre 2026
Aunque la programación de las visitas a las ermitas comenzaba como todos los años a mediados de septiembre, nosotros no pudimos ir a verlas porque estábamos en el viaje por Argentina, así que sólo nos quedó el último sábado programado de octubre para intentar acaparar las que pudimos a toda velocidad. Una pena, porque se trataba de las ermitas de la Llanada y segun nos explicó Jon, su organizador, eran las más bonitas de todas las que hemos visto años atrás. La ruta comenzó en la torre de Larrea. La torre es del siglo XIV, de la época de los banderizos, con ventanas medievales y está adosada a un coqueto palacio del siglo XVI de fachada de ladrillo cuyo habitante más ilustre fue Juan Perez de Lazárraga, autor de un manuscrito en euskera que se conserva en el museo de Zalduondo. En segundo lugar fuimos a ver el claustro de robustas columnas acanaladas del Monasterio cisterciense del siglo XVI de Barría, ahora es un albergue de Diputación, y su iglesia del siglo XV con un gran tramo para el coro de las monjas. El retablo del siglo XVIII contiene las tallas de San Benito y San Bernardo pues las monjas eran cistercienses o bernardas. La tercera ermita de la ruta fue la iglesia de San Juan Bautista de Axpuru con una joya de retablo de primeros del siglo XVI de estilo gótico destacando el banco original del entierro de Cristo y sobre él las seis escenas de la vida del Bautista. Interesante el sagrario con la doble imagen de Cristo. Me gustó lo bien enmarcado que estaba con todo un borde exterior de cardinas y animales fantásticos recorriéndolo alrededor. La cuarta iglesia visitada fue la de San Cristóbal en Heredia, cruce de caminos, fortificada, con troneras en su torre. Nos impactaron las ruedas de grisallas de las bóvedas pintadas del techo, originales, que hablan mucho sobre el estilo de las pinceladas alavesas y que contienen bustos, cabezas de animales, aves, seres raros y elementos vegetales.... El escudo de los Heredia se imponía mostrando sus 5 castillos. La bóveda rebajada del coro nos permitió ver sus fantásticas claves. Una curiosa minicapilla con una gótica pila bautismal asomaba a la nave principal. El asombroso púlpito colgado de la pared sin escaleras pues se subía por la sacristía y el fantástico retablo del siglo XVI de estilo romanista por los numerosos frontones que rematan las escenas principales con figuras heroicas y musculosas. La talla de San Cristobal es barroca del siglo XVIII y se nota por su dinamismo en la postura y en los ropajes. A destacar la reja de forja del siglo XVI de la capilla de San Diego. La quinta iglesia que vimos fue la fortaleza de Audicana, en un alto, con unas vistas inmensas, desde donde se veía la torre Guevara con la que se comunicaban en época carlista. La iglesia es del siglo XV y en el XVIII se hizo el retablo, que es de gusto neoclásico con 4 elegantes y potentes columnas corintias. En el centro San Juan Bautista, una talla del escultor Murga, anterior a Valdivielso. Lo mas notable del retablo es el calvario que corona el conjunto sobre un cascarón que parece un escenario. Allí San Juan se muestra en un salto en el tiempo pues está tanto en el momento de la muerte de Jesus como escribiendo su evangelio. La Virgen es de Mauricio Valdivielso sin duda, por el detalle del manto que cubre la cabeza de un angelote. Me gustó el gesto del otro angelote que pide silencio en homenaje a San Juan Nepomuceno, patrono de los puentes y las aguas, que fue torturado por no querer revelar el secreto de confesión de la reina. Continuamos la visita hasta la iglesia de la Asunción de Arriola que destaca por la torre medieval del siglo XIII pegada a la iglesia. Dentro, el interesantísimo retablo es de Pedro Borges de Flandes de estilo plateresco con frisos llenos de querubines, pilastras de grutescos y un programa iconográfico de esculturas exquisitas y con variadas anécdotas apreciables en las escenas como la del Nacimiento y la naturalidad de los pastores con la desproporción de la mula y el buey o la de la Adoración de los Reyes con el Niño jugando con la tapa del cáliz. Por otro lado, la talla del Crucificado en el Calvario es de gran intensidad emocional. Como era la época del Concilio de Trento, había que defender a la Virgen frente a los postulados protestantes y por eso la doble escultura en vertical de la Virgen con el Niño y la Virgen como Asunción, así como la doble imagen de Cristo en el Sagrario. En el muro oriental exterior del templo hicimos la prueba de agudeza visual descubriendo un rostro y luego en la esquina vimos una estela romana. En séptimo lugar visitamos la joya de la iglesia de San Juan Bautista en Albeniz, en la foto, con su espléndido retablo plateresco de Pierre de Ricart, discípulo de Felipe Bigarny, del siglo XVI, que innovó esta zona con su renacimiento flamenco, expresivo y dramático. Este escultor francés realizó los retablos de la capilla de la universidad de Oñate. El retablo es un perfecto casillero que recoge la vida de San Juan Bautista como si fueran fotogramas de una película hasta llegar el momento final de su decapitación ordenada por Salomé al rey Herodes ejecutándola un verdugo con pinta de malvado. En la zona central admiramos el Llanto sobre Cristo muerto apoyado en las rodillas de su madre de forma que se le ven las cinco llagas. Abajo, los relieves del banco recogen la Pasión y la Resurrección y son realmente extraordinarios. Fuera del retablo, la Virgen del Rosario mirando hacia abajo con aire melancólico es cautivadora y se trata de la versión barroca de la renacentista Virgen del Rosario de Ilarduya. Se diferencian en la caida de los pliegues blandos y dinámicos frente a la rigidez de la talla renacentista. Me gustó el antepecho del coro de rosetas y de tablitas ensambladas formando vanos de dientes de sierra con claveteado dorado muy del arte popular del siglo XVIII. Como colofón final y 5 minutos antes del cierre llegamos a la iglesia de San Miguel de Ilarduya a la que se accede por un puentecito sobre un arroyo y que tiene un raro pórtico caído del que solo quedan unas columnas. En el muro exterior que da a la carretera lucía el escudo de los Ilarduya y en su interior destacaba la bella pinceladura renacentista de la bóveda de la sacristía del siglo XVI, con los nervios en blanco y negro, rellena de motivos geométricos, vegetales, una guirnalda en espiral y rosetas sombreadas para simular el relieve, una belleza que se conserva tal cual. Allí está la interesante talla medieval de San Pedro y una Andramari del siglo XIV muy repintada que representa a Nuestra Señora de Arzanegi. La pila bautismal es gótica y tiene unas esculturas de difícil interpretación a las que sacamos foto: unos perros luchando contra una serpiente, un hombre con los brazos en jarras y otro hombre sujetando a un animal. En el retablo de la izquierda estaba la talla renacentista de la Virgen del Rosario cuya copia barroca se conserva en la iglesia de Albéniz. Y así terminamos la mañana de ermitas, con una sopa de imágenes en la cabeza difíciles de clasificar. Menos mal que en la guía de la organización vienen bien explicadas todas las maravillas que vimos y que tendremos que repasar para asimilarlas. Nos quedaron por ver para otra ocasión las iglesias de: Luzuriaga, Galarreta, Zalduondo, Araia y las 2 de Salvatierra, además las de fuera de ruta de Zuazo de San Millán, Aistra, Amamio y el crucero de Narbaiza.