Paseando por el pantano
Hacía tiempo que no paseábamos por el pantano de Garaio y el primer sábado caluroso de este mes de septiembre fuimos hacia allí. Nos sorprendimos de la poca gente que andaba paseando, en bici o simplemente pasando el día siendo todavía temporada estival, y tambien me causaron sorpresa los numerosos pescadores apostados en puentes y orillas, a los que que nunca había visto años en anteriores, y me preguntaba si realmente se comerían lo que pescaban. Cruzamos la primera gran pasarela flotante de madera que es la que más me gusta porque se mueve mientras vas caminando al ras del agua durante sus más de 200 metros de orilla a orilla. En el medio del tramo la panorámica del reflejo de los variopintos paisajes de los alrededores en el agua producía encantamiento, pero luego, mirando hacia la profundidad de sus aguas adentro te subía una sensación de vértigo al recordar que debajo de nuestros pies están sumergidos unos cuantos pueblos del valle de Gamboa que tuvieron que desaparecer para que este embalse se creara para proporcionar un servicio de electricidad principalmente dirigido a las fábricas de Bizkaia. La construcción de este embalse de Ullibarri-Gamboa a finales de los años 50 del siglo pasado, que comenzó a llenarse en 1958, se hizo bajo un procedimiento nada democrático para sus habitantes, los cuales se vieron obligados a emigrar al quedarse sin tierras de cultivo y sin viviendas, porque quedaron sumergidas y desaparecidas bajo las aguas. La pérdida de los campos de cultivo forzó el éxodo completo de sus habitantes y los pueblos se catalogaron oficialmente como despoblados. Cerca de 600 personas tuvieron que abandonar sus hogares y emigrar. Cruzando esta pasarela y recorriendo unos bonitos senderos rodeando la ladera con una vegetación y arboleda curiosa, pues mucha de ella vive en el agua, llegamos al puente de Azúa, de casi medio kilómetro de longitud que permite el paso de peatones y ciclistas, el de la foto, donde casi siempre hace mucho viento. Un poco más adelante te encuentras con lo poco que quedó en la localidad de Azúa, un lugar que ocupaba un puesto relevante en la zona al ser la antigua capital del municipio de Gamboa, sede del Ayuntamiento hasta el 10 de mayo de 1957 cuando se decretó oficialmente la disolución del municipio. Este lugar se situaba sobre un alto junto al río Zadorra y disponía de dos puentes que conectaban la Llanada Alavesa con Bizkaia y Guipúzkoa, una escuela pública situada en la ermita de Santa Lucía, la cárcel local y un molino harinero. Todo ello fue sumergido. Cuando el nivel del agua desciende, se hace visible el antiguo puente de piedra que cruzaba el río Zadorra. Lo que ahora podemos ver alzándose en una curva del camino, son las ruinas de la imponente Iglesia de San Pedro, un templo construido entre los siglos XIII y XIV de cuyo pasado aún destaca parte de su portada gótica y los muros exteriores de finos sillares cubiertos de hiedras. En 1867 reformaron la bóveda, el pórtico y se construyó la torre, de planta cuadrada. En su interior había una pila bautismal románica, hoy en paradero desconocido. Los pueblos afectados por la inundación fueron Garaio, Landa, Larrínzar, Marieta, Nanclares de Gamboa, Mendixur y Urizar y Azúa, que aunque sufrieron inmersiones parciales, como sus tierras quedaron anegadas, la gente tuvo que marcharse al quedarse sin sustento. El pueblo de Orenin, quedó aislado en forma de isla y esto lo volvió inhabitable. Los pueblos de Mendizábal y Zuazo de Gamboa quedaron totalmente sepultados para siempre bajo las aguas.
Tengo una amiga que nació en Mendizábal, uno de los pueblos sumergidos, y me contaba que cuando tuvieron que emigrar, había gente que todavía no se había enterado que el pantano ya se estaba llenando. Una noche de invierno se dieron cuenta de que el agua les estaba llegando al caserío y dejándolo todo, cargaron en la burra a los niños y escaparon a toda velocidad. Esta amiga también me contaba que su padre, desarraigado de su pueblo, entró en una profunda depresión porque no sabía ni se veía en condiciones de trabajar en nada que pudiera ofrecerse en la ciudad de Vitoria a la que tuvieron que emigrar, y también alguna vez nos ha tocado escuchar a algunos orgullosos bilbainos soltar la gracia de que son los dueños de este pantano que claramente está situado en territorio alavés.