Playas salvajes en paisajes volcánicos
Nuestro primer baño de la temporada en el Parque Natural del Cabo de Gata, tuvo lugar en la playa pedregosa de Las Negras de aguas cristalinas. Se llama así por la cantidad de piedras negras que hay en la playa que provienen del Cerro que hay junto ella. El agua estaba buenísima y estuvimos mucho tiempo bañándonos. Tomar el primer sol del año soplando un ligero aire cálido fue maravilloso. Al dia siguiente tras ver el faro Mesa Roldán, bajamos a la playa de Los Muertos, llamada así porque las corrientes llevaban a la arena los cadáveres de los naufragios. Si lo llego a saber no vamos porque el sendero de bajada tiene 800 metros sin apenas barandillas, es muy empinado y está lleno de guijarros sueltos y tramos de escaleras irregulares. Podían poner indicaciones para que te prevengan del camino porque hay que pisar muy bien para no resbalarte y esto supone mucho esfuerzo de contención muscular en pies y rodillas. Además cuando por fin llegamos a la playa, la decepción fue mayor: todo eran piedrillas redondas que se te metían en la piel; la playa tiene sólo 1 km de largo y a la izquierda se ven las instalaciones cementeras del puerto comercial de Carboneras que chocan con la naturaleza del paisaje. Además ese día había oleaje, como es habitual, y nos bañamos mal porque el escalón de la orilla hacía que el agua te llegara al cuello nada mas meterte en el mar, perdiendo el equilibrio y restregándote contra las piedrillas del fondo. En esta playa nudista estuvimos sólo 2 horas pues había viento fresco y porque nos hartamos de no poder mirar a la izquierda para no ver la cementera ni a la retozona pareja gay que teníamos a pocos metros. Una vez en el coche y como estábamos a 4 km de Carboneras nos encontramos con unas playas urbanas inmensas, donde no se veían las instalaciones del puerto ni la cementera, con una isleta en el mar y una torre de vigilancia, la Torre del Rayo de la época nazarí en la colina de la izquierda, así que nos sentamos junto al mar y nos dimos un baño estupendo en un fondo de poca profundidad en el que te podías meter bastante adentro para sortear las olas. El paseo por la orilla y un buen rato de reposo en la arena nos quitaron la mala sensación de la otra playa mortuoria. Otro día fuimos a la cala que estaba bajo el Faro del famoso cabo de Gata y fue un error porque el viento nos llevó la sombrilla varias veces y tuvimos que recogerla y taparnos del sol con la toalla. Menos mal que el agua estaba buena pero al ser playa de piedrilla no pudimos pasear. Otro dia estuvimos en la playa de la Garrucha poniendo la sombrilla en un sitio apartado del oleaje bajo la protección de la imagen de la Virgen del Carmen pero aún así, el viento era demasiado fuerte y nos bañamos con bastante resaca, la marea empujaba y no estuvimos en el agua todo lo que hubieramos querido. Como tampoco se podía pasear porque te hundías en la arena, nos fuimos al restaurante La Barca donde nos comimos unas gambas rojas típicas de Garrucha, recién cocidas, calentitas, que estaban divinas, deliciosas, exquisitas. Al dia siguiente, como era sábado y las carreteras se llenan de coches, probamos por primera vez la playa cercana al hotel, la del Playazo que tiene un bonito paseo hasta Las Negras donde ves desafiantes acantilados de lava blanca, un castillete, un fuerte de la época de Carlos III, baterías antiguas y torretas. Hay calas entre las paredes verticales de cal y como había olas, el espectáculo rompiendo contra los arrecifes, ha sido maravilloso. El viento no ha parado de soplar y daba miedo porque alguna parte de los senderos estaba pegando a los precipicios y tenían desniveles, pero poco a poco hemos ido sorteando los obstáculos y hemos hecho una caminata de 4 km por un GR señalizado. Luego hemos ido a la playa, con un viento que nos tiraba todo, la sombrilla ni la hemos llevado, pero hemos tomado nuestro bañito diario aún con olas, algas flotantes y bastante resaca. Al dia siguiente repetimos y estuvimos muy bien porque ese dia apenas había oleaje. Nos bañamos al vaivén de las olas sin espumas y como era tan relajado mirar al mar, estuvimos muchas horas sentados bajo la sombrilla, leyendo y mirando el mar. Otro dia paramos en San José, la capital del Cabo, bajamos a la playa por la zona de rocas y fue muy agradable sentarse en una roca frente al mar en plena calma. Relajados, paseamos hasta su puerto deportivo y pusimos rumbo a la famosa playa de los Genoveses, donde hacía viento pero el mar estaba en calma. Nos bañamos en unas aguas muy poco profundas porque el fondo tiene poca caída. El agua estaba buena pero el viento era fresco. Nos sacamos una foto junto a la duna fósil que me acordaba del viaje de 2022 y recordamos que esta playa se llama así esta playa por el ejército de doscientas naves genovesas que apoyaron a Alfonso VII en su lucha contra los musulmanes desembarcando en la zona en 1147. Tuvieron que esperar dos meses hasta que se produjo el ataque victorioso y desde entonces, la bandera de la capital (Almería) es la misma que la del estado genovés. Aquí se rodó entre otras, la película Lawrence de Arabia. Tras un rato grande mirando la preciosa colina volcánica del lado izquierdo de la playa, fuimos a la siguiente playa, la de Mónsul, a 4 km por carretera sin asfaltar, y nos impactó porque tiene un montículo de lava fósil gigante entrado en el mar cerca de la orilla, que divide a la playa y tiene un paisaje de recortes de costa preciosos con acantilados cayendo bruscamente al mar. Otro dia fuimos a bañarnos a Agua Amarga. La playa no es grande pero está bien enmarcada por el paisaje montañoso. La arena es muy fina y las aguas cristalinas y de esta forma el baño fue fácil y tranquilo. Agua Amarga se llama así porque las aguas de su subsuelo tienen cierto sabor amarga debido a la mineralización de la zona. También llegamos a la playa de Retamar, al borde del Parque Natural pero como hacia mucho viento y estar en la playa es exponerte demasiado al sol volvimos al Playazo a bañarnos cerca de la orilla y refrescarnos a gusto con un calor de 35°. El último día fuimos a Carboneras a comprar en el mercadillo frutas y verduras y también con intención de bañarnos en otra de sus muchas playas. Nos paseamos por el paseo marítimo de La Puntica, pero como hacía mucho viento pusimos destino al Playazo para bañarnos por última vez en la mejor playa de este interesantísimo viaje. Como siempre, el agua estaba muy buena. Llevamos muchos recuerdos de las playas del Paruqe Natural del Cabo de Gata porque son muy diferentes a otras que hemos conocido. Es lo que tiene bañarse entre volcanes.
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