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En el valle del oro

En el valle del oro

Estos dias de junio, con el fin de tomar los baños de mar como el año pasado hicimos en La Linea, hemos estado alojados en el valle del Rodalquilar, un valle profundo y rodeado por colinas apretadas de la misma familia volcánica que todavía conservan su forma picuda y donde el paisaje adquiere un color de metal, sin apenas vegetación, con el mar apareciéndose tras cada colina. Este valle es un lugar que te atrapa y te fascina. En esta zona, gracias a aquella pasada actividad volcánica, se extrajeron desde siempre muchos minerales y uno de los más codiciados fue el oro, ocasionando en algunos momentos de la historia épocas de auténtica fiebre al descubrirse nuevas vetas, hasta que finalmente se agotaron todas allá por los años 60 del siglo pasado convirtiendo estos paisajes en un hipnótico desierto asentado en la caldera volcánica que conforma el valle de Rodalquilar, un cráter formado por el desmoronamiento del terreno, un auténtico oasis en medio de tanto volcán. Este hundimiento del terreno se produce cuando las erupciones volcánicas son muy violentas y en el caso de Rodalquilar alcanzó una dimensión de 25 km de diámetro. Tras formarse este cráter las condiciones hidrotermales dieron lugar a numerosos yacimientos de minerales como el cobre, la plata, el yeso, el hierro, la bentonita y el plomo. En otro momento también se extrajeron amatistas y otras piedras semipreciosas y llegó a tener su propio mineral: la rodalquilarita, de color verde acristalado, único en el mundo. Además durante el siglo XVI Rodalquilar fue famosa por sus fábricas de alumbres, interesante producto para fijar el color en la industria textil de la época. Incluso la roca volcánica ha sido explotada para utilizarla como adoquines y grava. Además llegó a tener su propio mineral: la rodalquilarita, de color verde acristalado, único en el mundo. Pero lo que más fama le dio fue la extracción de oro que en algunos momentos de aparición de vetas llegó a producir auténticas fiebres de oro que atraían gente de cualquier lugar. La cantidad que solía generarse y se consideraba rentable era la de 5 gramos por tonelada y se calcula que la cantidad total extraida pudo llegar a las 7 toneladas de oro. La última fiebre se dio en los años 50 del siglo pasado en la que participó el Gobierno de la nación y duró tan sólo 10 años, acabando de repente. La gente abandonó Rodalquilar y en muy poco tiempo la población quedó mermada a 75 habitantes frente a los casi 2.000 que habia. Al pie de lo que fue la explotación minera hay un magnífico museo que explica muy bien la actividad volcánica junto a la actividad de minería que tuvo lugar durante el paso del tiempo desde tiempos inmemoriales y vas viendo cómo todas estas actividades mineras tuvieron su fecha de caducidad. El pueblo de Rodalquilar es muy bonito, se puede disfrutar de un jardín botánico de especies autóctonas, hay una romántica iglesia y sobre todo los restos imponentes de su arqueología industrial además de unos restaurantes muy tranquilos. Muy cerquita estaba nuestro hotel construido hacia adentro y camuflado en el paisaje, un poco más adelante estaba nuestra playa favorita y el monte de la Polacra, en la foto, desde el que se apreciaba este precioso paisaje lleno de antiguos volcanes con vistas al mar. 

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