Glaciar de ensueño
En el Calafate encontramos pocas calles asfaltadas y mucha casa suelta sin urbanización. Junto a los humedales de la costa está el paseo dedicado a Nestor Kirchner, pero apenas hay vistas al lago Argentino pues hay mucha vegetación parecida a una marisma. Al fondo se veían los picudos montes nevados de esta maravillosa naturaleza sabiendo que el famoso glaciar estaba a 80 km de distancia y que lo veríamos al día siguiente. De mientras nos entretuvimos por la ciudad y fuimos a comer a La Trinchera unas empanadas, una de ellas, muy rica, de huanaco, un animal parecido a la llama que pace por estas tierras y se reproduce fácilmente y también probamos los sorrentinos, unos redondeles de pasta rellenos de cordero guisado y salsa de hongos, todo estuvo delicioso. Mientras comíamos y bebíamos un vino blanco muy suave, hablamos con el propietario del cordero asado patagónico ya que lo veías expuesto en los escaparates de los restaurantes asándose en forma de cruz sobre un fuego de brasas redondo. El tema es que ese cordero parecía una ternera de lo grande que se le veía e imaginamos que su sabor debía ser fuerte y que para digerirlo habríá que tomar mucho bicarbonato. Al día siguiente, fuimos de excursión al Parque Nacional Los Glaciares, a 80 km de Calafate, una de las maravillas naturales del mundo formado por enormes masas de hielo de ese intenso color azul que dominaron parte del planeta durante los últimos dos millones de años y que presenciaron el nacimiento de la humanidad. Fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1981. Antes de llegar, nos paramos en el mirador de los Suspiros para sacarnos las primeras fotos con el glaciar Perito Moreno al fondo, la joya del parque, uno de los espectáculos naturales más asombrosos de Sudamérica que tiene una longitud cercana a los 30 km y un frente de 4 a 5 km sobre el brazo sur lago Argentino. Luego embarcamos en un Catamarán para ver de cerca el lado sur del glaciar y fue muy emocionante disfrutar del recorrido en silencio, fascinados con el espectáculo de las paredes de hielo de 60 metros de altura acercándose, incluso vimos y oímos el estruendo de los bloques de hielo que se desprenden y se estrellan contra el agua, como truenos de tormenta, formando olas espesas al estar el agua helada y llena de mini icebergs flotando en las aguas del Brazo Rico o del Canal de los Témpanos que llegan al canal del Lago Argentino flotando a la deriva. Así es de abrumador el paisaje patagónico. Luego vimos el otro lado del glaciar paseando por las pasarelas y caminos que hay justo enfrente, y disfrutamos del increíble paisaje de hielo en vertical. Había mucha gente en silencio observando el espectáculo que nos regalaba la naturaleza y pasamos unas horas absortos mirando el frente helado. Al dia siguiente, todavía en Calafate, la mañana estaba soleada pero muy fresca y fuimos andando hasta el Museo Histórico de la Patagonia. Dentro del museo había paneles con mucha literatura por leer. Al principio hablaban de los dinosaurios de la zona y cómo desaparecieron o se adaptaron tras el meteorito extraterrestre que cayó hace 70.000 años. Ganaron la partida los más pequeños y los que pudieron emigrar a otro lado. Siguiendo con los paneles repletos de datos llegamos a los 14.000 años apareció el bípedo homo sapiens en África que se expandió por el mundo y llegó a la Patagonia y se asentó creando sus grupos para vivir en comunidad y protegerse entre ellos. Pasó el tiempo y llegaron las conquistas, primero españoles y luego ingleses y aquí el discurso se puso muy duro porque hablaban de las enfermedades que les contagiaron los españoles, el comercio de esclavos con África, la apropiación de sus tierras, el cambio en el campo al meter ovejas del norte de Chile para el comercio de la lana con Europa, las condiciones infrahumanas de los trabajadores, los genocidios de los pueblos autóctonos por considerarlos inferiores y las violaciones. Toda la muestra era la exposición de los abusos y atentados contra la dignidad, los derechos y la vida de los autóctonos y originarios moradores de esta zona de la Patagonia. Ese día fuimos al restaurante Punta Argentina donde comimos empanada de carne cortada a trocitos; ensalada mixta y 2 cortes de carne fabulosos: un bife de chorizo y un vacío ambos de tamaño considerable, jugosos y en su punto, servidos en bandeja refractaria para no perder el calor, todo un detalle. Para beber, nos apeteció su cerveza Imperial y nos regalaron un chupito del fruto del Calafate. Después volvimos andando por la calle principal hasta llegar al Mirador de la Ciudad, subiendo las 110 escaleras hasta lo alto de la empinada ladera. Sobre esta ladera empinada están las letras de la ciudad y allí se veía a la gente tumbada a tomar los tibios rayos de sol de la tarde.
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