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Tierra de tangos y de naturaleza

Tierra de tangos y de naturaleza

Mi Buenos Aires querido...cuándo yo te vuelva a ver....no habrá más penas ni olvido. El tango de esta ciudad nos ha acompañado durante todo el trayecto. Hemos venido emocionados de esta tierra tan sorprendente y generosa, lo hemos pasado muy bien, ha sido un viaje maravilloso y bendecido porque todo salió de maravilla. El viaje se diseñó principalmente para ver la Patagonia, pero Buenos Aires nos ha dejado una profunda huella porque nos sentido muy a gusto y nos encantado pasearlo. Estábamos alojados en el barrio de San Telmo y nos hemos movido por todos los barrios destacados, en Boca con su Bombonera porque caben más de 50.000 bombones futboleros y la famosa calle Caminito donde nos cayó una tormenta amazónica y tuvimos que resguardarnos en una tiendita de souvenirs viendo el baile de unos tanguistas en el bar de enfrente, aquí en la foto; la Recoleta, tan elegante y con su famoso cementario monumental y esa escultura igual que la que tenía mi madre en la mesa del comedor y que se le abrían y cerraban los pétalos, la Floralis Genérica, pero con 23 metros de altura; Palermo al norte tan lleno de jardines; Belgrano residencial; mi favorito Puerto Madero al otro lado del río tan moderno y vanguardista y San Nicolas y Montserrat en el centro con la emblemática plaza de Mayo, la casa Rosada, la Catedral Metropolitana, la pirámide con la bandera ondeando y el Cabildo o la antigua Municipalidad. Por otro lado hemos pasado por el Viejo Almacén en la calle Balcarce, así con B, aunque no fuimos a ver su espectáculo de tangos porque una cosa es disfrutarlos cantados, tan entrañables, y otra es aguantar varias horas viendo tanguistas entrelazando las piernas en acrobáticas posturas, algo que siempre nos ha aburrido, asi que optamos por visitar lugares señeros, como el Congreso y el Senado por dentro, el café Tortoni, el más antiguo de la ciudad, al que entramos después de varios intentos pues siempre había cola esperando. Allí había una discreta mesita reservada para Carlos Gardel; la Avenida del 7 de julio que cruzamos varias veces sólo por cruzarla, y en el medio su gigante Obelisco blanco de 67 metros de altura; el edificio donde se dibuja la silueta de Evita Perón en su fachada; los graciosos bancos urbanos de estilo capitoné; los impresionantes edificios de los mejores bancos del país al estilo francés, llenos de esculturas y columnas gratuitas, circulando por ellas tantos camiones blindados que nos asombramos; iglesias católicas gigantescas como la de los dominicos cantores; la famosa calle Corrientes 348, segundo piso ascensor, del tango "Y todo a media luz", que no existe pues fue invención de su compositor uruguayo y para que rimara la letra se le ocurrió plasmar esta dirección en la partitura; entre medio de las calles había numerosos cafés y puestos de apetitosos hojaldres y empanadas que nos tentaron y pecamos. La librería Ateneo, un antiguo teatro lleno de palcos y con la cafetería en el lugar del escenario; Galerías Pacífico donde te introduces en un palacio con pasillos y estancias palaciegas en plan moderno con elegantes tiendas. Pero nuestro paso por la parte antigua del barrio de San Telmo nos gustó de una manera especial. Visitamos su gigantesco mercadillo de artesanos; nos sacamos una foto en el banco de Mafalda,  Manolito y Susanita; nos tomamos café con hojaldres crujientes y fuimos a su mercado de abastos donde sus antiguos puestos están transformados, unos pocos en  puestos de artesanías o de antigüedades para los turistas y los más en apetitosos restaurantes. Allí disfrutamos de las carnes asadas en el Hierro Parrilla y en el Puesto 53, de sus bifes de chorizo y del ojo de bife que estaban exquisitos, bien regados con un vino tinto del país. Nos quedamos con este recuerdo placentero de haber disfrutado a tope de Buenos Aires y tampoco nos faltó brindar en la habitación con nuestras botellitas de champán viajeras. 

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