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Faros del oeste 1ª parte

Faros del oeste 1ª parte

El dia que me quitaron el yeso me dio tal subidón de felicidad que podía haber dado saltos de saltimbanqui si hubiera podido maniobrar mejor mi pierna, pero había que esperar a que se reforzaran los músculos y para ayudar a ello, pasada sólo una semana nos fuimos a dar una vuelta por la costa de Coruña y Lugo en busca de los faros que nos faltaba conocer desde el Ferrol hasta Ribadeo. Tuvimos la suerte de no haber perdido las habitaciones reservadas para marzo en los Paradores contratados, ya que, justificada mi situación, decidieron respetarnos el aplazamiento. Nada mas llegar a Vilalba fuimos a comer a un sencillo asador en Adro y nos pusieron un chuletón tan delicioso y tierno que se situó por encima del ranking de chuletones comidos hasta la fecha y quiero dejar aquí constancia de ello para que no se nos olvide nunca y tampoco el vino tinto de uva mencía que tomamos. Por la tarde nos paseamos por Vilalba y nos gustó mucho este lugar con acento medieval y sus cerveza Estrella Galicia. Al dia siguiente comenzamos la visita de los faros por el del cabo Prioriño, desde donde vimos la Torre de Hercules. La última farera nos había dejado dos sillas de madera blanca de recuerdo para disfrutar de las espectaculares vistas de la Coruña. Las Rias Altas empezaban a mostrarnos todo su esplendor. Luego fuimos al faro del Cabo Prior de 1853 donde unas escaleras larguisimas bajaban y subían hasta un mirador que nos recordaron a Gaztelugatxe y que sólo pudo disfrutar Pedro porque a mi, tal como estaba, me fue imposible recorrerlas, lo mismo que subir a las baterías de guerra que todavía quedaban en tan estretégico lugar. Después llegamos al faro de Punta Frouxeira, un faro feísimo de diseño vanguardista de mediados de los años 90. Lo que más nos gustó fue recorrernos los largos y antiguos tuneles subterráneos donde se asentaban las baterías de vigilancia y se asomaban a fantásticos acantilados. Pasado el susto de ver tal adefesio de faro estilo casa de vecinos alta y estrecha, llegamos con muchisimo cuidado al de Punta Candelaria, que está situado en un lugar impresionante lejos de la civilización, de lo más agreste y emocionante, por donde daba miedo asomarse porque el viento soplaba empujándote hacia sus abismos. El acceso en coche fue dificultoso ya que se llega allí por una carretera de constante descenso, estrecha y con 10 curvas en forma de lazo, parecida a las del puerto de montaña de Estacas. Este pequeño faro es de 1954 y sigue en funcionamiento ayudada su iluminación por un proyecto de energias renovables segun anunciaba una pomposa pancarta del susodicho Ministerio. Para finalizar la excursión de este día llegamos al faro del cabo Ortigal del que guardamos muy buen recuerdo pues ya lo visitamos hace nada menos que 16 años y es de esos faros de libro situado en una bajada que conduce a una isleta donde se asienta esta torre triunfante pintada de rayas rojas. El entorno lo vimos renovado y la llegada fue casi a ciegas entre espesas brumas que nos hicieron poner los focos de niebla mientras sonaba un viento atroz, por ello no pudimos apreciar apenas los acantilados que sabíamos estaban bajo nuestros pies, pero estar allí nos llenó de una especial satisfacción por este entrañable recuerdo y por eso la foto es de este faro. Cuando llegamos a Vilalba, merendamos mejillones y raxó al queso de San Simon da Costa que es una auténtica delicia por su meloso gusto y sabor ahumado. Luego sacamos unas fotos de noche a la torre octogonal del Parador, antigua torre de Diego de Andrade, conde de Vilalba, con su heráldica del jabalí, y nos sentamos un buen rato en su gran salón lleno de cortinajes, estandartes medievales y techos altísimos que mostraban las defensivas saeteras del siglo XV. Para recordar.  

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