Broche de oro
Para poner el broche de oro a nuestra visita a Sevilla, pusimos rumbo hacia el sofisticado e histórico Parador de Carmona situado en un alto de una colina asomado a un abismo y rodeado de un recinto de potentes murallas defendidas por un foso. Probablemente se construyó en plena dominación musulmana y se accede por un defensivo doble arco de herradura apuntado. En el siglo XIV Pedro I el Cruel, como le llamaban sus detractores, o Pedro I el Justo llamado por sus seguidores, construyó un alcázar con varias torres y una puerta exterior y artesanos sevillanos adornaron la fortaleza convirtiéndola en un suntuoso palacio, nido de amor del rey y su amante y gran amor por encima de sus dos esposas, Maria de Padilla, por cuyas puertas entraban las brillantes cabalgatas que la escoltaban, convirtiéndose en un lugar de estancia preferente al del Alcázar de Sevilla. Con ella tuvo cuatro hijos y al final consiguió la anulación de sus otros matrimonios para poder casarse con ella y ser reconocida como su única esposa. Ambos descansan en la capilla real de la Catedral de Sevilla. Hoy ya no se puede admirar ningún resto de las yeserías y artesanías que adornaban el palacio debido entre otras cosas, a los terremotos que sufrió, uno de ellos el de Lisboa a mediados del siglo XVIII, que fue el que provocó el abandono de este alcázar debido al deterioro que había sufrido. Nada más pasar el arco doble exterior, encuentras un gran patio de armas rodeado de murallas con torreones almenados. Uno de ellos era la torre del homenaje de la fortaleza. En uno de sus ángulos y siguiendo la estética mudéjar, se construyó el Parador al que accedes bajo un llamativo escudo castellano de fondo azul, el de la ciudad de Carmona y que luce bajo el lema "como el lucero brilla en la aurora, así brilla en Andalucía Carmona". Dentro impresiona su patio marmoleado con fuente mudejar, columnas y la azulejería. La fachada principal, colgada sobre una colina situada en lo más alto de la ciudad se podía ver a la izquierda del paisaje que ofrece el mirador de la ciudad ubicado en la Cuesta de San Mateo, y estas kilométricas vistas sobre el inmenso paisaje de la Vega de Carmona Andalucía con sus amaneceres y atardaceres las pudimos disfrutar embelesados desde la ventana de banco palaciego que tenía nuestra habitación, así como hicieron en su momento romanos, almohades y monarcas castellanos, uniendo un pasado histórico de caracter defensivo a un presente que tiene mucho que contar y que ahora se ha convertido en un agradable lugar de descanso. Aquí estoy como Maria de Padilla con mi Pedro I en su salón bermejo rodeados de tapices, antigüedades y grandes cortinajes disfrutando del ambiente cálido, elegante y acogedor de este fascinante lugar.
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