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Descubriendo paisajes carmonenses

Descubriendo paisajes carmonenses

Mi primo me había recomendado que no nos perdiéramos Carmona ni tampoco visitar su Parador y la verdad es que nos sorprendió muchísimo esta ciudad fortificada de más de 5000 años de antigüedad. Se situa en un lugar privilegiado pues se eleva sobre una colina que desde tiempos inmemoriales tanto los cartagineses, como los romanos y los musulmanes ocuparon para la defensa de sus intereses por su posición estratégica en el valle del Guadalquivir. El acceso al Alcazar por la Puerta de Sevilla es mediante un arco doble abierto en la muralla que se construyó allá por el siglo XII, aquí en la foto, donde destaca la torre del homenaje y se conservan intactos los sillares almohadillados. De esta forma Carmona se hizo la ciudad más segura de toda la Betica. Desde allí se ve la Giraldilla, que es la torre de la iglesia de San Pedro, y la llaman así porque se parece mucho a la Giralda. Antes de llegar a la zona de restos romanos entramos en la capilla de San Francisco y unas chicas muy amables nos explicaron que allí estaba la sede de la Hermandad de la Virgen de las Angustias que sale el miércoles Santo y nos explicaron cómo es la preparación del acto para procesionar sus excelentes y trabajados 2 pasos. Ya fuera de la ciudad y en plena via Augusta en época de los romanos, visitamos la necrópolis con museo y centro de interpretación, que fue construida para impresionar a quienes entraban en la ciudad. Llena de grandes panteones con jardines, escaleras y túneles destaca la de Servilia por su tamaño y rica decoración, asi como la de Postumio por combinar en el mismo lugar la cremación y la inhumación, ya que ellos lo que guardaban eran las cenizas. Al lado estaban los restos del Anfiteatro y del Puente Romano. Esta ciudad, ya en época musulmana, fue capital de los reinos de Taifas y hubo alcázares y mezquitas que tras la conquista cristiana por el rey Fernando y la administarción de su hijo Alfonso X El Sabio, se convirtieron en iglesias y conventos. A su lado surgieron imponentes palacios para los grandes señores, como el que alberga el Museo de la ciudad, donde se muestran los orígenes de Carmona desde el paleolítico, destacando los restos tartésicos en los vasos de Saltillo y los restos romanos. Más tarde, en el siglo XVII, el rey Felipe IV otorgó a Carmona la categoría de ciudad gracias a su importante participación en la guerra de Granada. Pasamos por la plaza de San Fernando, donde antes confluian las principales vias romanas; por su Plaza de Abastos, antiguo convento de Santa Catalina, de grandes dimensiones al aire libre con soportales para las tiendas y los bares. La iglesia principal de Santa Maria de la Asunción, del siglo XV, de estilo tardogótico andaluz, con su patio de naranjos en la entrada y un interior muy bello con bóvedas de nervadura y estrellado en la cabecera. El retablo lo preside la talla románica de la Virgen de Gracia, que es patrona de la ciudad. Visitamos también el convento de Santa Clara, de estilo mudejar, con patio, capilla de clausura, museo en sus tres plantas y su torre-mirador desde donde se veia toda la ciudad. La iglesia era muy estilo clarisas, llena de agradables cuadros de santos y un retablo donde Santa Clara nos miraba. Comimos en la bodega Mingalario unos típicos garbanzos con espinacas, unas alcachofas con gambas y jamón y unas carrilleras deliciosas, este lugar todavía conserva su decoración de toneles y paredes deslucidas, con muchas fotos de Barbadillo. Pasear por la ciudad antigua en cuesta nos llevaba hasta el Alcazar de San Pedro, donde nos alojamos y que es objeto de otro post. Carmona es para recomendar y para volver a visitarlo.

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