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Nueva edición de las Edades del Hombre

Nueva edición de las Edades del Hombre

Esta vez la organización de las Edades del Hombre nos llevó a la iglesia de San Cipriano y a la catedral de Zamora y disfrutamos de las magníficas obras de arte que se exponían en una exposición guiada que giraba sobre el gran tema de la Esperanza, virtud de la que se va a hablar mucho durante el año nuevo que comienza. Lo que sentíamos mientras estábamos concentrados en las explicaciones de la exposición era tan cautivador que nos hizo pensar y reflexionar en profundidad sobre lo necesario que es ahora mismo tener esperanza porque vivimos en un tiempo donde se suceden continuas guerras, duras experiencias y calamidades, en un lugar donde se da tanto culto a lo material y a lo inmediato, en un mundo donde existe tanta frustración, angustia y desesperanza...Esta llamada a la esperanza enciende una llama de alegría interior que desborda hacia afuera la necesidad de ser mensajeros de la buena noticia basada en la promesa de salvación que Jesus nos ofreció, donde el mal es vencido porque la esperanza que da luz a nuestra vida a pesar de las tragedias personales y sociales que nos rodean, ha triunfado. En la exposición se refleja el sufrimiento de personajes cercanos a Jesus, su madre, San Juan, los apóstoles y tantos mártires que dieron su vida por creer en Él...tantas experiencias de sacrificio que aún así nos sirven para creer en la promesa de la Salvación basada en la espera de esa promesa que ilumina las sombras y ofrece un nuevo sentido a esta vida, antesala de la llegada de la patria celestial. Con esperanza creemos que lo incompleto e inestable de nuestro mundo se convertirá en algo perfecto y eterno en un mundo donde sólo haya amor. Con esperanza creemos en la resurrección, que nos abrirá el camino a una nueva vida ayudados por los sacramentos que son el testimonio de que Dios siempre está con nosotros para infundirnos confianza y alejar el miedo, para afianzar la fe porque sabemos que el Señor está contigo y con la comunidad. Todos estos simbolos adelantan esta promesa al igual que las palabras de la liturgia alimentan esta esperanza, de esta forma, el presente se impregna del misterio de lo divino y sentimos que Dios no nos abandona nunca. Sabemos que este mensaje de eterna esperanza de salvación vivirá entre nosotros siempre que nos manifestemos con amor, que es en definitiva lo que sostiene toda esperanza. 

Con el convencimiento de que la entrega, la confianza y de la fe, nos llevarán a ese paraíso prometido, dijimos Amén y nos despedimos albergando en nuestro corazón este revelador mensaje.

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